miércoles 30 de noviembre de 2011

La marca es el espejo del alma...



Empatía en talla grande... Así podríamos definir esta fantástica acción de la marca Penningtons, que ha sabido 'regalar una experiencia' a sus clientas, dirigida directamente a inyectarles una dosis de autoestima.

La sensibilidad demostrada en esta propuesta, sirve como ejemplo para cualquier estrategia destinada a gratificar emocionalmente al público. Ayer mismo posteaba la iniciativa navideña de T-Mobile, en la que la remuneración se asentaba como regalo colectivo. El caso de hoy -cuyo fundamento emocional es similar-, la acción se personaliza y apela a la creación de una corriente de empatía individualizada.

El hecho de convertir a sus clientas en 'princesas por un día', regalándoles un inesperado reconocimiento, significa que la marca no sólo las comprende y las entiende, sino que se preocupa de que éstas sientan de forma individualizada, el cariño y la devoción que Penningtons siente por ellas.

Hablamos de mujeres cuya talla las hace ser especialmente sensibles con los cánones de belleza establecidos, en los que la delgadez se impone como valor aspiracional. Unos cánones, en los que la comunicación tampoco acostumbra a servir de espejo a quienes no se ajustan a las supuestas medidas 'ideales'.

Por ello, el hecho de que la marca que las viste, sea capaz de comprender sus necesidades, deseos e inseguridades, y valorarlas, amplifica exponencialmente la capacidad para establecer un vínculo de empatía sólido y perdurable.

El hecho de que esta acción se realice frente a un espejo -allí donde las inseguridades se manifiestan de forma más patente- es, sin lugar a dudas, la clave para conseguir la complicidad del público. Una fórmula muy bien planteada, porque potencia los valores de personalidad, tanto de la marca como de sus clientas, y redunda en de forma muy significativa en los deseables objetivos de fidelización.

Nunca mejor dicho, la marca es el espejo del alma.

martes 29 de noviembre de 2011

T-Mobile descubre el secreto de una comunicación memorable



Convertir la comunicación de marca en un regalo para el usuario no es tarea fácil, aunque sí muy deseable. 

Y es que, un regalo contiene un compendio de valores emocionales que superan la barrera de lo cuantificable, y se sumergen en el ámbito de los sentimientos.

Es ahí, en esa capa íntima propiedad de cada individuo, donde la comunicación adquiere su verdadero sentido.

Hacer un regalo supone una muestra de gratitud, aprecio, amor... Valores envueltos en papel de colores, que nos permiten descubrirnos, tal como somos, ante los demás.

Una marca que quiera conseguir ese efecto sobre el público, deberá romper con los estereotipos de la comunicación convencional, trasladándose a un escenario emocional puro.

Ya no se trata de vender un producto, sino de 'compartir' un sentimiento asumible, que genera una fuerte corriente de empatía y lo transforme en un recuerdo imborrable.

T-Mobile ha sabido hacerlo... Y lo ha hecho, trasladando a cinco ciudades europeas un 'regalo muy especial', que convierte la Navidad en la excusa para llegar al corazón de la gente. Un paquete gigantesco, luces, un villancico y un holograma de Mariah Carey, son los elementos que dan forma a la experiencia de marca.

Pero, más allá de lo aparente, T-Mobile sigue sacando partido al verdadero secreto de la comunicación memorable: la emoción compartida.

La clave en esta fantástica acción es la gente, que asiste expectante a una cita, y que descubre una emotiva coreografía audiovisual. La suma de las emociones individuales provoca una reacción en cadena, generadora de una explosión de sentimientos transferibles. De esta forma, la experiencia se magnifica, la empatía se proyecta exponencialmente y la relevancia de lo vivido perdurará en el tiempo.

T-Mobile nos descubre, una vez más, que el secreto de la memorabilidad está en crear emociones que se puedan compartir... Éste es, sin duda, el secreto de la auténtica viralidad.


Comunicación digital y medicina: Lo mejor, 'curarse en salud'



Información es poder.

En este caso, dicho poder no se proyecta bajo el prisma de la economía, ni la política... Hablamos del hecho de poder 'curarnos en salud'. Porque la red se ha convertido en una herramienta fundamental para la educación sobre hábitos saludables, terapias, etc. La capacidad de transmisión de la información rompe, gracias a lo digital, las barreras endémicas que sectarizaban en exceso los flujos de información, conocimiento y el intercambio de experiencias en materia de salud.

A día de hoy, internet hace posible que la medicina disponga de un impresionante 'vademecum' abierto y colaborativo, que permite la actualización de los contenidos a tiempo real, y su consiguiente enriquecimiento con las opiniones y aportaciones de los profesionales y usuarios.

Ahora bien, la trascendencia que puede adquirir -y adquiere- cualquier información sobre este tema, pone de manifiesto la necesidad de ejercer una actitud de 'máxima responsabilidad' en su difusión. Porque, tan peligrosa es la falta de información, como su exceso y, sobre todo, la falta de fiabilidad.

La curación de contenidos es en este ámbito, una prioridad. Saber detectar y evaluar las fuentes fiables, desestimar aquellos contenidos 'sospechosos' y, sobre todo, hacer caso a quienes velan por nuestra salud, son las pautas que deben regir la buena praxis de quienes 'consultan' en la red.

El hecho de que la información sobre salud circule abiertamente por la red, es una gran noticia. Ahora bien, no olvidemos nunca que con la salud no se juega.

Seamos responsables. Curémonos en salud.

domingo 27 de noviembre de 2011

Comunicación 2.0. Volvamos a empezar



¿Volvemos a empezar?...

Los cambios -da igual el ámbito en el que se produzcan- nos someten a un inusitado estrés que, en ocasiones, puede llegar a bloquearnos. Las incógnitas de lo nuevo, acostumbran a presentarse a modo de precipicio que se abre ante nuestros pies, y que nos pone en la difícil tesitura de dar el salto o recular.

Algunos, los más osados, no suelen tardar muchos en decidirse a dar el paso. Ellos serán los que desde el otro lado, se encargarán de animar a los rezagados. Ellos -al menos, en teoría-, serán los que definan esa fórmula eficaz que marca la distancia a recorrer para tomar impulso, buscar el punto de apoyo en el momento justo... y saltar.

La experiencia de aquellos que nos llevan ventaja es, indudablemente, un valor fundamental a tener en cuenta. Ahora bien, cada persona es un mundo, y no todos contamos con las mismas habilidades para superar la distancia que nos separa de lo inmediato. No todos estamos en disposición de afrontar los retos de una manera estandarizada. Porque, está claro que, no todos somos iguales.

En comunicación ocurre lo mismo. Con la progresiva implementación de lo 2.0, muchas personas y marcas se encuentran en ese punto de inflexión, en el que el vértigo les hace recelar de la asunción del nuevo código de relación. Y no es reprochable, porque tendemos a hablar mucho de 'soluciones, caminos, estrategias, etc', y muy poco de 'mentalización'.

Indudablemente, para poder saltar y llegar al otro lado, lo primero que debemos hacer es estar convencidos de que 'queremos y podemos' hacerlo. Mucho antes de definir la estrategia que nos conducirá por ese nuevo territorio virgen e inexplorado, debemos prepararnos para afrontar el viaje.

Y es que, la vorágine de información, premura y tiempo real que inunda nuestras vidas, en muchas ocasiones nos hace obviar la necesidad de 'adecuarnos', antes de afrontar cualquier nuevo reto.

Lógicamente, ese proceso no puede ser estereotipado, ni definido por un decálogo. Cada empresa o persona es un mundo (insisto), y lo importante en esta fase previa al salto, es tener en cuenta las habilidades y valores con que partimos.

Porque entrar en este proceso de 'reinvención', significa aplicar todo el bagaje de experiencia acumulado y proyectarlo de forma adecuada al nuevo escenario. La comunicación, a pesar de las apariencias, no ha cambiado. Simplemente, vivimos un momento de transformación en el medio en el que lo hacemos. De esta forma, siendo conscientes de nuestros valores y su potencialidad para impulsarnos, el precipicio dejará de darnos vértigo.

Sólo así, mentalizados de nuestra capacidad para asumir el salto, podremos llegar al otro lado y seguir formando parte del futuro.

No se trata de empezar de nuevo. Se trata de seguir empezando.

Ahora, llegados a este punto, si estamos bien mentalizados, lo único que debemos hacer es saltar.

viernes 25 de noviembre de 2011

Lo digital no sustituye nuestra realidad, la confunde



Conmovedor...

Este experimento audiovisual del relizador Tom Jenkins, nos sumerge en el mundo de las emociones virtuales, de los deseos más íntimos que tratan de encontrar refugio y salida a través de la tecnología.

A medida que los canales de comunicación digital se van imponiendo en nuestras vidas, nuestro día a día se va transformando en un escenario múltiple, donde los planos de realidad y virtualidad tienden a fusionarse.

No hay dos realidades. Independientemente del medio en el que proyectemos nuestra personalidad, la esencia de cada uno siempre es una. Ese es nuestro DNI, nuestra firma... Ahora bien, la inmersión en el mundo de lo digital, nos lleva a una peculiar forma de proyectar nuestro deseos.

Las relaciones personales, las vivencias, el trabajo, etc., que vivimos a través de la pantalla del ordenador, pueden llevarnos a confundir los impulsos emocionales que proyectamos y que recibimos. Las distancias no existen, aparentemente. Las emociones se camuflan gracias a la barrera infranqueable de la pantalla; los sentimientos se alimentan de impulsos construidos a golpe de teclado o de material audiovisual; los perfiles se transforman en una galería de cosas que nos gustan o nos disgustan, y que nos definen... aparentemente.

Pero esa aparente realidad esconde una ausencia total de 'valores hormonales'. A pesar de lo inmediato, de lo cercano y de lo versátil de este medio en el que cada vez pasamos más tiempo, descubrimos que falta lo más importante: el contacto físico.

Y es que, a pesar de las enormes posibilidades que nos ofrece la tecnología, la realidad de las emociones, de los sentimientos, de los deseos, sólo tienen un escenario posible para vivirse en plenitud.

La historia de un robot que quiere viajar y sentir la emoción de lo humano no es, sino una simple proyección de ese virus digital que hoy nos invade: hemos llegado a creer que internet nos abre al mundo -y en parte, así es-, pero, en realidad nos encierra y nos limita emocionalmente.

Nunca debemos olvidar que el 'verdadero mundo', con sus emociones verdaderas, está donde siempre estuvo... y donde, esperemos, que siempre siga estando.

Virtualicemos la comunicación, pero no nuestras vidas. Las verdaderas emociones están ahí fuera.

 

lunes 21 de noviembre de 2011

Créate fama y échate a vivir... O, cómo perderse en lado oscuro de las redes



¡Yo soy... tu gurú!

Lo siento. Viendo esta genial recopilación de spots, en los que Darth Vader 'monetiza' su imagen a golpe de espada láser, no me resisto a hacer una breve reflexión sobre la figura de esos relevantes que surgen del lado oscuro de la red.

Figuras mediáticas que amontonan followers, que nos taladran con sus mensajes 'interesados' y que tratan de ascender a las alturas de 'Menéame', a base de recomendaciones, retuit y algún que otro DM.

A ellos, dueños y señores de la opinión, de la tendencia, del espíritu, de la glosa, del epíteto, del saber, de la verdad verdadera... les debemos esta nueva corriente de 'clones buscadores de la fama', que inundan nuestros muros y perfiles con sus ansias de grandeza.

Y creo que no es el camino correcto.

Porque, por desgracia, redes como Twitter se están convirtiendo en el escenario de una lucha de egos, infumable y cansina. Periodistas que lanzan sus soflamas, amparados en la 'seriedad' de sus marcas mediáticas; intelectuales que dejaron de serlo, y que ahora viven de un pasado obsoleto; famosos que promocionan sus redes en televisión, a la caza y captura de una audiencia aborregada...

¿Y, todo esto, para qué?

¿Para qué sirve seguir a alguien cuya única aportación al mundo es mostrarnos su ombligo?

No creo que este lado oscuro prometa nada bueno. Por eso, prefiero seguir solamente a personas que entienden que esto de las redes sociales se basa en el hecho de 'compartir'.

Una maravillosa palabra, que encierra un abanico enorme de posibilidades, tanto personales como profesionales. Porque 'compartir' es, ineludiblemente, un acto que compete a dos o más personas, estableciéndose un 'diálogo' que debe entenderse como 'intercambio de opiniones, emociones y conocimiento'...

Y, por supuesto, aquellos que nos venden exclusivamente su libro y su ego, han olvidado completamente el hecho de que estamos aquí para algo más que escucharles, venerarles y comprarles.

Continuará...

viernes 18 de noviembre de 2011

'Amor viralizado': Benetton y el beso de la polémica



Haz el amor y no la guerra...

El espíritu hippie resurge de sus cenizas y nos sacude con una potente gráfica firmada, cómo no, por la marca de la polémica: Benetton.

Fieles a su esencia publicitaria de lucha contra la indiferencia, los responsables de marketing han optado por otorgar el protagonismo a los 'dueños del mundo'. Personajes ilustres, de cuyas decisiones depende el devenir del resto de los mortales. Un protagonismo que, en esta ocasión, adopta la forma de un beso.

Un beso transgresor, irónico, fugaz... Cuya castidad depende del ojo con que se mire.

Un beso que escribe un mensaje que golpea las conciencias: Unhate.

Y las conciencias se han removido. Y la santidad manifiesta de aquellos que sólo ven pecado, allí donde es mejor buscar virtud, han puesto el grito en el cielo... Bueno, un poco más abajo. Y su lamento no sólo no ha servido para evitar males mayores, sino que se ha transformado en la mecha activadora de una corriente de 'amor viralizado' a escala global.

Benetton lo ha conseguido. A pesar de la polémica, de las críticas y de las exigencias de retirada de algunas imágenes, el mundo ha sido consciente de que 'La guerra marca fronteras... Y que el amor, las derriba'.

Besos a tod@s.

jueves 17 de noviembre de 2011

'Sacar de donde no hay'... La creatividad publicitaria al servicio del I+D+i



'Valores diferenciales'. Esa es la clave para la venta de un producto.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando no existen dichos valores?... ¿Qué pasa cuando el producto es simplemente, uno más en el lineal del supermercado?.

Pues, normalmente, ocurre que las agencias se comen el marrón y deben apretar los dientes -por no decir, el culo-, buscando una salida airosa, creativa y 'diferencial', que solvente las carencias y reconvierta lo obsoleto en 'novedad'.

Y así, no es extraño que el trabajo creativo termine derivando en el desarrollo de un proceso de I+D+i, en el que los aspectos de comunicación pasan a un segundo plano. Los departamentos creativos se ven obligados a buscar 'la reinvención del producto', buscando una fórmula milagrosa que rompa con su status de 'más de lo mismo' y haga que resurja de sus cenizas, cual Ave Fénix.

Es en esta circunstancia, cuando nos damos cuenta de que el trabajo publicitario está abocado a ir más allá de la creación de una campaña, más o menos acertada.

Está claro que, tal y como están las cosas, en las empresas hay una demanda incipiente de 'ideas'; aflorando, cada día más, la necesidad de contratar -y pagar- a gente que piense y cree por ellas.

Y esto, dados los tiempos que corren, es una buena noticia.

El caso de hoy, es un ejemplo fiel de lo que digo. Porque, independientemente de la campaña posterior, los creativos reconstruyeron el valor del producto. Gracias a su musical propuesta, el dichoso microondas se transforma en un producto singular y ¿atractivo? para el público.

Es cierto que la 'innovación' incorporada roza lo absurdo -un absurdo personalizable al gusto del consumidor, eso sí-, pero al menos, permite alcanzar el objetivo de hacer relevante un producto que no lo era.

Tengo serias dudas de si 'el invento' será, o no, funcional... Eso sí, en principio la historia 'suena bien'.

Ideas vendo...


miércoles 16 de noviembre de 2011

Puntualidad 2.0: si estás al día, llegas tarde



Ahora, más que nunca, ponerse -o estar- al día es una cuestión de tiempo...

Y es que, 'los tiempos cambian que es una barbaridad'. Tanto, que el concepto de puntualidad ha dejado de ser lo que era, pasando a transformarse en una especie de vorágine vital que acontece a 'tiempo real'.

La tecnología ha variado nuestros hábitos de conducta, de tal manera que todo pude suceder -y sucede-, de 'manera instantánea'. Una cita señalada puede variar radicalmente en el pequeño lapso de tiempo que tardamos en acudir a ella. Vivir pegados al móvil nos conduce a través de unos derroteros en los que los planes nacen, se modifican y mueren en cuestión de segundos. Atrás quedan los tiempos en los que las citas se cerraban en fecha, lugar y hora; una circunstancia que marcaba la diferencia entre las personas responsables de su tiempo -y, por supuesto, del de los demás-, y las que no lo eran.

La tecnología y el modelo de comunicación que se deriva de ella, nos han convertido en esclavos de un nuevo concepto de puntualidad. Nuestras agendas evolucionan libremente, en función de las disponibilidades de los actores, de las circunstancias, de la información... Estar conectados 'in situ', nos transforma en elementos dinámicos, versátiles y adaptables, capaces de vivir el tiempo desde una perspectiva de lo inmediato.

Y lo mismo ocurre con la información... El hecho de 'estar al día' ha dejado de ser un valor diferencial. La inmediatez de la información, canalizada a través de la red, marca un nuevo timming, en el que todo aquel que quiera participar debe estar al corriente de su 'time line'. Hoy, o estás constantemente, o llegarás tarde.

Mal que nos pene, si queremos formar parte del presente no nos queda más remedio que aprender a vivir nuestra vida a tiempo real...

Mal que nos pene, estamos condenados a vivir conectados.

PD: Gracias a mi querido Ángel Sánchez, incorporo un spot que, a buen seguro, os hará sonreir y que apoya el contenido del post.



martes 15 de noviembre de 2011

Las redes sociales no sirven para nada... (El caso del pequeño pueblo suizo de Obermutten)




No lo digo yo...

Lo de que 'las redes son un invento inútil', es una afirmación que suelo escuchar en mis encuentros con algunos 'potenciales' clientes. Y digo 'potenciales', porque normalmente son ellos los que acostumbran a consultarme la conveniencia, o no, de incorporarse al entorno de la comunicación 2.0, lo que implica que, a pesar de que piensen que no valen para nada, a ellos les interesan... Paradojas de la vida.

Y no les falta razón, porque las redes sociales son realmente una herramienta inútil para quienes no saben sacarles partido. Vamos, como cualquier herramienta.

El secreto del éxito se llama 'estrategia'. Y ésto, que no es una novedad, ni un invento del maligno, es sencillamente una cuestión de lógica: las redes sociales sirven, y mucho, para quienes tienen clara su función como punto de contacto y son capaces de desarrollar un planteamiento de comunicación coherente, asumible y bien orientado.

Ahora bien. Para poder llevar a cabo cualquier acción en redes sociales, lo primero que debemos hacer es conocerlas y creer en su potencial. Porque si no es así, difícilmente seremos capaces de contar con la paciencia necesaria para poder cumplir con los objetivos.

Luego están los cantos de sirena de las grandes marcas que, con sus impresionantes números, acciones y resultados, invitan a pensar que todo el monte es orégano. Y no... Ellas cuentan con un factor diferencial que las sitúa en un ámbito inaccesible para el común de los mortales: su imagen -construida a base de millonarias inversiones en publicidad y comunicación- está asentada de tal manera, que vayan donde vayan, todo el mundo las conoce y las sigue.

Y, por contra, la relevancia de las pequeñas y medianas marcas no llega a ese nivel, por lo que les toca armarse de voluntad, paciencia y creatividad para ir sumando seguidores... No les queda otra.

Y es en este punto, en el que la dificultad suele convertirse en traba, donde volveré a incidir en una afirmación que siempre me acompaña: 'en internet no hay marcas pequeñas, hay mentalidades pequeñas'...

Y, como muestra, un botón.

La campaña que hoy os acerco es la evidencia de lo que digo. Los habitantes de un pequeño y desconocido municipio suizo -de poco más de ochenta habitantes-, llamado Obermutten, cansados de que nadie conociera su tranquila existencia -salvo algún senderista perdido-, optaron por tomar la iniciativa, y se lanzaron a la construcción de su marca municipal en Facebook.

Su 'innovador' alcalde -consciente de que las cosas si se hacen, hay que hacerlas con sentido- tomó la decisión de abrir una página en la conocida red social, con el fin de proyectar la imagen de este idílico rincón suizo. A través de un vídeo, el mandatario se comprometió a que la foto de perfil de todas aquellas personas que hicieran un 'like' en la página, sería colocada en el tablón de anuncios de Obermutten.

Una idea simple. Tanto, que a primera vista podría resultar incluso 'tonta'. Pero, los datos nos demuestran todo lo contrario: la iniciativa se convirtió en noticia, llegando a comentarse en medios de más de 20 países -entre ellos, el principal informativo de Corea del Sur-, más de 80 millones de personas han escuchado el nombre de Obermutten y su página ha superado los 9.000 seguidores... Casi nada.

Visto lo visto, queda claro que las redes sociales no sirven para nada... Y, visto lo visto, queda claro que no hay más ciego que el que no quiere ver.


lunes 14 de noviembre de 2011

El verdadero sentido de 'compartir' en social media



'El que parte y reparte, se queda la mejor parte'...

El sentido intrínseco de esta afirmación no se corresponde exactamente con lo que debríamos entender por 'compartir'. El hecho de vivir en un mundo basado en la competitividad, está derivando en la malinterpretación manifiesta de 'lo solidario'. El egocentrismo, la vanidad y, por qué no, la propia supervivencia, nos conducen a través de unos derroteros en los que el protagonismo de 'lo propio', termina desvirtuando nuestra manera de colaborar con el grupo.

La necesidad de trascender, de alcanzar el éxito y el reconocimiento nos lleva a situarnos en un plano 'técnico', en el que todo aquello que compartimos pierde su carga emocional, transformándose en una simple herramienta estratégica.

De esta manera, el hecho de proyectar contenidos o acciones se convierte en una acción transaccional, en la que cada parte de lo que ofrecemos se dirige a la consecución de un retorno de nuestra inversión. Y es evidente y lógico que, en un mundo en el que la competitividad es el santo y seña de cuanto hacemos, las personas y las marcas pugnen por 'compartir con la sana intención de recibir algo a cambio': es ley de mercado.

Ahora bien, eso no quita para que de vez en cuando -sin necesidad de abusar-, variemos la ecuación, abriendo las puertas a la posibilidad de compartir algo a modo de regalo.

Ofrecernos abiertamente, sin esperar nada a cambio, significa que nuestra personalidad -también aplicable a las marcas- se enriquecerá con un bagaje de emoción. Emoción sobre la que se catalizará una fuerte corriente de empatía real, sólida y perdurable.

A día de hoy, mucho se habla sobre el enorme potencial solidario que fluye a través de las redes sociales. La colaboración, el apoyo, el diálogo abierto, etc., forman el compendio de valores intrínsecos de la nueva filosofía que rige en los social media. Pero, no nos engañemos. Hay mucha más apariencia que verdad.

Y es aquí, en este punto y aparte, donde la realidad nos abre un nuevo camino sobre el que trabajar. Tratando de ir incorporando -tanto marcas, como personas- ese modelo de 'compartir realmente', en el que el objetivo trasciende las barreras del klout individual, orientándose a la construcción de un objetivo (beneficio) común.

La comunicación 2.0 ha abierto, de par en par, las puertas a un nuevo formato de relación, más cercano, mucho más social. De nosotros depende aprovechar la oportunidad y convertirlo en la excusa para acercarnos a los demás... O, por el contrario, seguir utilizándolo, exclusivamente, para vendernos mejor.


domingo 13 de noviembre de 2011

Aunque el sexo se vista (o calce) de seda...


Llamémoslo como queramos, fetichismo, sensualidad, provocación... O 'X', da lo mismo. Porque lo evidente es que, independientemente del producto que anunciemos, la burda utilización del sexo suele terminar en la anulación de cualquier valor de producto.

American Apparel ha optado por buscar la activación del morbo del público, a través de una campaña de tintes escandalosos. Tanto es así que, en esta campaña, la manera de proyectar la imagen de la nueva colección zapatos se convierte en una especie de coreografíá sexual que trata de impactar en el espectador. Ahora bien, otra cosa será que quien ve la campaña centre su atención sobre el modelo de zapato en cuestión, y termine apreciando sus valores consustanciales.

No es la primera vez -ni creo que sea la última- que comento la necedad de este tipo de creatividades. Y tanta repetición me pone en la tesitura de si la utilización del 'escándalo' como argumento, responde a una cuestión de rentabilidad -la crisis obliga a reducir los presupuestos publicitario, lo que deriva en campañas de mucho impacto- o, por el contrario, lo que realmente está ocurriendo es que atravesamos una 'profunda crisis creativa'.

Y es que tanta insistencia en lograr la viralidad de lo simplemente escandaloso, me hace sospechar que los departamentos creativos están apostando por la 'ocurrencia', en vez de 'currarse' buenas ideas.

El caso de hoy, además, tiene el agravante de estar justificado por la 'contratación del ilustre, reconocido y ¿solvente? fotógrafo de moda, Tony Kelly, cuyos trabajos para Vanity Fair, Vogue, Playboy, etc., le han encumbrado al star system fotográfico. Un nombre con el que se firma este desatino publicitario, y que trata de justificar la 'visión transgresora, colorista y técnica' aportada por el artista...

Pues me temo que no cuela. Al menos para el que escribe, Porque visto lo visto, sigo pensando que por mucho que tratemos de vestir con sedas una mala idea... mala idea se queda. ¿O no?

viernes 11 de noviembre de 2011

Google+ marca tendencia: Fisherman's Fiend pone a prueba los círculos de amigos



Cuatro horas sin despegarte más de 2 metros de tu círculo de amigos. Un reto que pone a prueba el valor de la amistad y lo convierte en argumento para la promoción de marca.

Fisherman's Friend traslada a su comunicación el espíritu googleplusero y propone un concurso de 'conexión permanente entre amigos', premiando a aquellos que consigan superar la prueba.

Una interesante iniciativa, que viene a sumarse a la creciente tendencia de utilizar los códigos social media y las relaciones personales del público como excusa para dar forma a nuevas y gratificantes experiencias colectivas.

Está claro que lo bien compartido, bien sabe.

Interesante.

'En ocasiones, oigo voces'... Como aprovechar la voz de la experiencia



Están ahí, rodeándonos por todas partes.

Nos hablan y nos conducen a través de los entresijos direccionales de nuestro día a día. Voces impersonales que nos ayudan a tener conciencia de si subimos o bajamos, de si la próxima estación es la nuestra o si el siguiente cruce es en el que debemos girar...

La tecnología (y los locutores) pone voz a la información, transformándola en nuestra particular banda sonora cotidiana.

Sí, cotidiana... Aunque no siempre suficientemente valorada y aprovechada.

La marca de navegadores para automóvil, Tom Tom, ha encontrado su filón creativo en su banda sonora. Abandonando cualquier referencia 'técnica' sobre las prestaciones técnicas de sus productos, sus responsables de marketing han apostado por 'crear historias divertidas en torno a las voces', como argumento de comunicación de la marca.

Gracias a una serie de vídeos, Tom Tom nos muestra el making off de las grabaciones de audio para sus navegadores. Los archiconocidos personajes de Barrio Sésamo, Epi y Blas (Bert y Ernie para los anglosajones), son las últimas estrellas invitadas a esta iniciativa, que arrancó con la participación de los míticos personajes de Star Wars, Darth Vader y Joda.

Un imaginario elenco de 'actores', que permiten proyectar la imagen de la marca a través de una de las herramientas más básicas en la tecnología de sus productos, las voces, consiguiendo transformar el frío mensaje orientativo y convertirlo en una valor añadido y diferencial: 'Yo soy tu padre... Así que, después de 200 metros, gira a la derecha'.

Y es que, hay voces... y voces.


miércoles 9 de noviembre de 2011

No se puede renunciar a la historia... Pero se puede cambiar el futuro



'Si hubiese sabido que el fútbol iba a terminar en una historia de violencia, no me hubiera gustado ser parte en la historia del fútbol'. (Owaldo 'Chachito' Ramírez)

Somos esclavos de nuestra historia, pero dueños de nuestro futuro.

Nuestra vida está plagada de recuerdos maravillosos que dan sentido a nuestra existencia. Instantes únicos, que en su momento marcaron una gran impronta en nuestra personalidad y en la de todos los que los compartieron con nosotros.

Pero la historia se construye día a día, y las circunstancias cambian... y mucho.

Cambian los valores y las percepciones. Cambian las personas, los países, la cultura... Incluso la misma percepción sobre la historia termina modificándose, hasta el punto de hacerla irreconocible.

El spot de hoy -eje central de una campaña peruana contra la violencia en el fútbol-, es una magnífica muestra del carácter irrenunciable de la historia y de su valor como referencia, a la hora de afrontar el presente y construir el futuro.

La dura afirmación del protagonista, Owaldo 'Chachito' Ramírez -mítico jugador de la selección peruana-, no es una renuncia a su pasado, ni mucho menos. Es, sencillamente, un grito de indignación, destinado a remover la conciencia de una sociedad que ha perdido el rumbo, y que debe tratar de corregirlo para poder vivir un futuro mejor.

Un interesante planteamiento, que bien pude aplicarse a muchos ámbitos de nuestra vida... Por no decir a todos.

martes 8 de noviembre de 2011

La receta de la buena publicidad



Cada maestrillo tiene su librillo...

El secreto de una buena receta puede estar en la masa, en el condimento, en los ingredientes seleccionados y, sobre todo,  en el cariño y la delicadeza de quien cocina.

Y en publicidad ocurre lo mismo. El secreto del éxito no viene escrito en un libro de recetas milagrosas y estereotipadas. La publicidad -como la cocina- es un ente vivo que varía y evoluciona en las manos de quienes la trabajan.

Es evidente que hace falta técnica, indudablemente. Pero, el verdadero milagro del éxito se produce cuando los pasos obligados se condimentan con unas imprescindibles dosis de talento y de cariño.

La fantástica presentación de la Agencia Bistro, cuyo vídeo preside este post, dibuja las líneas de lo que podríamos denominar 'su receta' particular para guisar una campaña.

A través del recorrido de un día en la vida de una cocinera, los creativos construyen una metáfora sobre el proceso creativo.

Un viaje cuidadoso y metódico, en el que los matices de cada paso marcan la diferencia entre lo 'mecánico y lo emocional'. La historia nos muestra el verdadero valor de una profesión creativa que cuida los fondos y las formas, que 'crece y evoluciona' de forma natural, adecuándose a los productos de temporada y a los gustos que marcan las tendencias.

De la delicada combinación de factores, del cuidado expreso a la hora de combinarlos y de la capacidad de transformarlos en una nueva experiencia para el público, dependerá el éxito de lo cocinado.

Pero, no nos engañemos... No hay misterio. La receta secreta de la publicidad es la se escribe cada vez que nos enfrentamos a una campaña nueva... No hay dos platos iguales.

lunes 7 de noviembre de 2011

El marketing (también) es cosa de risa



Sonría, por favor...

A todos nos gusta salir bien en la foto cuando nos retratan. La sonrisa natural se convierte de este modo, en ese objeto de deseo aspiracional con el que anhelamos ser inmortalizados.

Y es que, la alegría nos permite mostrar nuestra mejor cara ante los demás -y ante nosotros mismos cuando revisamos nuestro histórico fotográfico-.

Pero, más allá del simple hecho estético, la risa contribuye a la mejora de nuestra salud: nos inmuniza contra la depresión y angustia, nos hace segregar más adrenalina -potenciando nuestra creatividad e imaginación-, y endorfinas -sedantes naturales similares a la morfina- que actúan como analgésico; con cada carcajada movilizamos cerca de 400 músculos, la columna vertebral y cervicales se estiran, se estimula el bazo, el diafragma origina un masaje interno que facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y las sustancias tóxicas, se lubrica y limpian los ojos con lágrimas, la risa hace vibrar la cabeza y se despeja la nariz y el oído...

Y el marketing, volcado en la imperiosa necesidad de generar 'experiencias positivas y memorables' para el público, encuentra en la risa una de las herramientas más eficaces para la proyección de valor de marcas y productos.

Ahora bien, a pesar de los 'beneficios' que el humor aporta a la creación de imagen de marca, son muchas las empresas que muestran reticencias a vincularse a mensajes banales, que rompan con el estatus de seriedad que, se supone, debe caracterizar a una marca 'de confianza'.

Craso error. La ola de 'emocionalidad' que invade la comunicación en nuestros días, nos obliga a abrir la mente a nuevos espacios creativos, en los que las claves del mensaje deben tomar en consideración la gran capacidad que tiene el humor a la hora de canalizar la empatía.

Reirse de uno mismo, puede convertirse en una acertada estrategia de acercamiento al público. No olvidemos que la comunicación publicitaria se ha sumergido en un irreversible proceso de diálogo, que conlleva la incorporación de 'aspectos emocionales' en el argumentario de las marcas, con el que se trata de apelar a la capa más sensible de las personas.

Comunicación es seducción... Y en ese proceso de enamoramiento entre la marca y su público, la conversación distendida entre ambos se transforma en un ritual saludable, que sirve como punto de referencia para la posterior 'venta'.

Así, el humor es, sin lugar a dudas, una herramienta de enorme valor, tanto para la asunción del mensaje por parte del público -que se beneficia de los efectos colaterales de la risa-, como por su enorme memorabilidad y capacidad viral.

En el fondo, si el objetivo es demostrar la afinidad de la marca con su público, no descartemos presentarnos ante él con humor, porque ya se sabe... 'quien bien te quiere, te hará reir'.


domingo 6 de noviembre de 2011

'Emociones aumentadas'... Hay que ver para querer



Ver para querer, para aprender, para valorar, para sentir...

La comunicación es, sin lugar a dudas, la clave catalizadora de todo cambio. La ceguera de quienes se niegan a ver lo evidente, no significa que las transformaciones no se produzcan. Y es que, por mucho que nos empeñemos, el desconocimiento sobre una realidad palpable, no exime de su existencia.

En este sentido, la tecnología se está convirtiendo en la lente amplificadora de nuestra realidad. Gracias a ella, la comunicación se abastece de nuevos recursos expresivos que transforman la información en una experiencia emocional seductora, envolvente y enriquecedora.

Ya no se trata de contar algo, sino de compartir la información y amplificarla con el bagage de emociones bidireccionales que genera.

Hoy, la información es poder... imaginar.

La creatividad, amparada por la enormes posibilidades que ofrece la tecnología, se convierte en el factor diferencial. Ya no es tanto lo que contamos, sino cómo lo contamos. Y es, en este punto, donde las marcas encuentran la llave que les permite acercarse al corazón -y a la memoria- de su público.

El ejemplo de hoy, una magnífica muestra de implementación de 'realidad aumentada', firmado por National Geografic, sirve para ilustrar el enorme potencial emocional que se esconde detrás de la tecnología.

Gracias a una impecable producción, el público cae rendido ante el juego de interactuar con lo intangible. Tanto es así, que la experiencia adquiere tanto valor, que los receptores se convierten en emisores virales de la información: fotos, vídeos, mensajes, etc., sirven para proyectar al mundo la emoción de lo vivido...

En definitiva, se ratifica el hecho de que 'hay que ver para creer y para querer... contarlo'.


viernes 4 de noviembre de 2011

'Productos sociales. Marcas virales': el caso Fanwagen




Socializa que algo queda...

Volkswagen lo ha vuelto a hacer -esta vez en Holanda-.

Sin lugar a dudas, la marca de automóviles está destacando como un magnífico ejemplo de cómo se debe entender la comunicación en el entorno de las redes sociales.

Con una clara estrategia de 'diálogo' con el público, Volkswagen ha apostado desde el primer momento por incitar a la conversación a través de sus propuestas publicitarias en la red. Con su iniciativa 'The fun Theory', la marca rentabilizó al máximo un planteamiento basado en el crowdsourcing, de tal forma que el público y sus 'ideas para hacer un mundo mejor y más divertido' se convertían en el principal argumento 'de venta' de la imagen de marca.

Con su nueva campaña, 'Fanwagen', la idea se simplifica mucho más, pero sigue manteniendo ese espíritu de participación que tan buenos resultados le ha dado.

Nuevamente, los fans vuelven a 'tener la capacidad de opinar y decidir' sobre el desarrollo de la acción. La opción de elegir entre furgoneta o coche, como argumento de lanzamiento del 'primer vehículo social', no deja de ser la aplicación pura y dura de la tradicional 'encuesta en social media'. Ahora bien, la manera de plantear dicha cuestión significa un paso adelante en la forma de entender la 'conversación'.

Volkswagen utiliza un recurso sencillo -la encuesta- como gancho para la participación. Simplemente, los usuarios optan por una de las dos posibilidades prefijadas por la marca. Al hacerlo, también consiguen su papeleta para poder ganar el vehículo que resulte elegido, con lo que la 'remuneración emocional' de dicha acción se amplifica exponencialmente. Hasta ahí, todo normal.

Pero la clave más significativa está en la descripción del vehículo. La marca de automóviles 'tunea al estilo Facebook' sus dos modelos más clásicos (la furgo y el escarabajo) transformándolos en una 'nueva versión original', totalmente 2.0. A través de una sencilla y reconocible mecánica de participación, Volkswagen 'democratiza' aparentemente su estrategia de marca y de producto, poniendo en manos de los fans la decisión final. Y es que, visto lo visto, todo hace pensar que el resultado final de la encuesta será la que determine los designios de la cadena de producción.

Y, en cierto modo, así será. Aunque, en el fondo, Volkswagen ha convertido en 'democrática' una decisión unilateral -porque los productos no son nuevos, simplemente se 'personalizan'-.

La magia de la comunicación, y el buen hacer de los creativos, han conseguido dotar la iniciativa de tal apariencia 'social', que da la sensación de que el manejo de la marca ha pasado a manos de sus usuarios. Una gran estrategia que ha permitido, además, que la ansiada viralidad llegue 'por defecto' de manos de unos fans agradecidos a la marca.

En definitiva, Volkswagen ha dado en el clavo, homenejeando a sus fieles seguidores, hablándoles en su mismo idioma, cediéndoles la palabra y premiándoles con una expectativa plausible y emocionante.

Volkswagen lo ha vuelto a hacer... Se ha enfundado el traje de 'marca 2.0', poniendo sobre el tapete una impecable praxis de comunicación, que le ha permitido romper con ese tópico 'matamarcas' -característico de quienes sólo buscan la apariencia- y que afirma que, 'aunque la mona se vista de seda, mona se queda'.

No es el caso, evidentemente. El caso Fanwagen es un gran ejemplo de cómo se debe construir un 'producto social'... Y es que, en comunicación 2.0, el movimiento se demuestra 'hablando'.

martes 1 de noviembre de 2011

La cara oculta del catálogo de Ikea... La infelicidad se esconde en la Página 23



This film was made during the 48 hour filmproject in Utrecht, 2011.

No es oro todo lo que reluce...

La visión ácida que sobre el consumismo nos plantean los jóvenes creativos Jeroen Houben, Tim Arts y Stefan van den Boogaard, nos sumerge en un desasosegante mundo, escondido bajo las páginas de un catálogo de productos.

No se trata de una crítica a Ikea en particular -aunque la estética nos induce a pensar en la marca sueca-, sino que su obra trata de hacernos reflexionar sobre la corriente de consumismo que nos abduce y aliena.

En una sociedad absolutamente dominada por la trascendente sobrevaloración de los objetos, 'Page 23' es un grito revolucionario y reivindicativo que intenta despertar a las personas de su letargo.

De esta forma, el corto abre una puerta a la alternativa lógica de romper con ese estilo de vida unificado y abotargante al que nos someten las marcas. Una puerta que nos muestra un espacio oculto tras una página cualquiera, de un catálogo cualquiera, en un hogar cualquiera, y en el que, por suerte, todavía habitan personas que no se resignan a formar parte del estereotipo prefijado.

La lucha va a ser dura -a las marcas no les interesan personas que piensen en libertad-, pero llega el momento de pasar página... Porque la verdadera felicidad no tiene precio... ¿o, sí?