¿Negocias o diseñas?...
Difícil tesitura, dados los tiempos que corren. Trabajar en el mundo del diseño y/o la publicidad se está convirtiendo en un reto complicado.
A día de hoy, tratar de no perder el rumbo de nuestros emprendimientos profesionales supone hacer esfuerzos muy importantes en ámbitos ajenos a la labor creativa. En vez de dedicarnos a aprender y ampliar nuestros conocimientos técnicos, ahora nos vemos abocados a interiorizar aspectos 'empresariales' que, en muchas ocasiones, nos alejan de los valores sobre los que asentamos nuestra iniciativa.
Viendo el vídeo que acompaña este post, encontramos la esencia de todo aquello que se supone, nos permitiría 'diferenciarnos y estructurarnos' como empresa. Un planteamiento muy lógico, en el que las líneas estratégicas vienen definidas a través del valor más relevante y común de todos aquellos que debemos enfrentarnos a una página en blanco: la creatividad.
Ser creativos nos diferencia -a otros más que a unos-, pero en el fondo, también nos limita. Porque nuestra capacidad para recrear conceptual y gráficamente las necesidades de otros, nos acostumbra a vivir en un plano distante de nuestra propia realidad.
Y eso no es malo, salvo cuando las circunstancias del entorno nos obligan a aplicar el método en nuestra propia página en blanco. Es ahí -en el momento en el que la creatividad la debemos aplicar para solventar nuestras limitaciones- cuando los valores que nos sujetaban pueden entrar en quiebra.
Se habla de crisis económica, los clientes flojean, las ideas deben ajustarse a presupuestos pírricos, el valor de las ideas -siempre en entredicho- ya no se cotiza, las agencias y los estudios se resienten... Y la hoja en blanco -sobre la que deberíamos aplicar nuestra creatividad- nos obliga a dejar los pinceles y nos lleva a pensar en excel.
Números y más números que nos condicionan. Nuestros objetivos se modifican de un día para otro, y el camino se vuelve administrativo, no creativo. Debemos asumir trabajos que antes rechazaríamos porque no nos aportaban valor al porfolio. Bajamos nuestros honorarios para poder llegar a duras penas a final de mes...
Creativamente hablando, estamos tratando de salvar los muebles, y corremos el riesgo de perder el norte si no somos capaces de encontrar rápidamente la fórmula magistral que nos oriente.
Y es ahí donde la creatividad -la nuestra-, deberá diferenciarnos. En este momento convulso es cuando tendremos la oportunidad de afrontar la 'mejor campaña de nuestra vida'. Para hacerlo tenemos que cambiar el chip. Definir un planteamiento disruptivo que nos permita visualizar nuestra realidad desde una perspectiva diferente.
Empecemos por asumir que no hay crisis... Que lo que hay es un cambio.
Y si somos capaces de verlo, seguramente podremos retomar nuestro trabajo con la tranquilidad de afrontar nuestro día a día desde una óptica de transformación y no de supervivencia.
Adaptarnos a la nueva dinámica no es tarea fácil, pero sí es creativa. Lo cual nos coloca en un plano mucho más asequible a nuestras capacidades. Nuestros valores primigenios siguen siendo válidos, lo único que tenemos que hacer es adecuarlos a la nueva situación.
Así que, dejemos por un momento el excel y volvamos a la creatividad.