Hoy en día, para poder vender, además de un buen producto, hay que tener mejores ideas que los demás y, sobre todo, ser consecuentes con la realidad y no perder los papeles -nunca mejor dicho- en el intento.
El ejemplo de hoy es una excelente muestra de lo que digo. La imaginación de los creativos de la agencia Cheil Worldwide, combinada con las posibilidades que ofrece la tecnología, han hecho posible convertir en realidad el sueño de todo comerciante: ampliar sus puntos de venta con el mínimo esfuerzo e inversión.
Una idea sencilla -aunque no por ello, fácil de tener-, que transforma la cartelería impresa de una estación de metro, en auténticos lineales de supermercado. Hasta ahí, nada nuevo. Es evidente que una foto de un lineal de productos no supone una revolución en materia de comunicación, pero, si añadimos un código QR a cada producto expuesto, que nos permite redirigir –in situ- al público hacia nuestra tienda on line, la cosa cambia.
Y cambia, porque los responsables de la cadena de supermercados Tesco en Corea del Sur han conseguido proyectar su tienda virtual –y su imagen de marca- más allá de los límites de la pantalla del ordenador o del móvil. La hibridación de soportes da forma a un planteamiento innovador, sorprendente y, ante todo, útil.
Y es que, poner los productos al alcance del móvil de los pasajeros del metro, no es una tontería: el tiempo es oro, y la accesibilidad y la comodidad que aporta esta idea, la convierte en una muestra de inteligencia comercial sin precedentes. Tanto es así, que no resulta extraño que la acción haya sido distinguida con el Grand Prix Media en el Festival de Cannes.
Visto lo visto, podemos afirmar que ‘no todo está escrito sobre el papel que puede jugar el papel en las nuevas formas de comunicación’.






















