Hasta el moño de aguantar los malditos tópicos...
Una afirmación con la que puede que coincidamos muchos de los que trabajamos en esto de la publicidad, ya que es más que probable que estemos hasta más arriba de ese moño.
La banalización de la imagen de nuestra profesión ha sido, es y -mucho me temo- que seguirá siendo, nuestro 'sanbenito' particular, que nos convierte en perfiles profesionales bastante desvirtuados y difusos.
Las leyendas urbanas sobre lo glamouroso de nuestra profesión, los falsos mitos sobre los creativos, diseñadores y demás fauna que puebla las agencias, los ríos de cocaína que, según parece, forman parte de las herramientas de trabajo de los publicitarios, los trajes de diseño, las gafas de colores, etcétera, etcétera... son algunos de los argumentos que conforman el imaginario idealizado y erróneo que existe en torno a nuestra profesión.
Hasta tal punto, que muchos estudiantes que aspiran a convertirse en futuros currelas de la creatividad, del diseño, de los copys, de la producción, de la ejecución de cuentas, etc., se espantarán cuando descubran la cruda realidad de nuestro día a día. Tanto es así, que más de uno -y de dos- clamarán al cielo angustiados, gritando el ya habitual tópico: 'Si lo sé, no vengo'.
Porque, tristemente, en esta profesión, no es oro todo lo que reluce...
Jornadas interminables, ideas que no surgen, briefings incompletos, clientes que creen que saben más de publicidad que los propios publicitarios, secretarias que deciden campañas, logotipos que siempre son pequeños a los ojos del cliente, presupuestos que ambicionan grandes medios y que no alcanzan ni para un faldón en periódico de provincias, el cruel desconocimiento del valor que tiene dar forma a una creatividad, la ausencia de criterio estratégico, trabajos que llegan hoy y son para ayer, sueldos más que discutibles... son los retazos de nuestra realidad más tangible, y componen el anecdotario del día a día de la mayoría de los profesionales del sector.
El problema es que, como en otras actividades profesionales, sólo suelen hacerse visibles las partes lustrosas, mientras que el casquerío queda camuflado bajo una aureola de glamour superficial y banal.
Vivimos una profesión dura y exigente. Enfrentarse al reto de rellenar una página en blanco con ideas originales y de impacto no es una tarea fácil. Por eso duele que la imagen que tiene la sociedad no acompañe nuestra auténtica realidad.
Y eso es lo que parece que han pensado los creativos de Euro RSCG C&O, que el pasado día 5 de abril abrieron las puertas (vía web) de la agencia, con el objetivo de que todo el mundo pudiera ver la realidad de su trabajo durante 24 horas. Una especia de Big Brother publicitario que, a buen seguro, transmitió una imagen diferente del tópico preestablecido en la psique de una gran parte del público.
Y como promoción, nada mejor que difundir una sobredosis de dichos tópicos en estado puro. De tal manera que hicieron que el histrionismo de la precampaña sirviera para evidenciar la brecha que existe entre lo que la gente cree que hacemos y lo que en realidad somos.
El mundo de la publicidad es apasionante... pero no es lo que parece.