Y lo hace apuntándose a la moda de spots de corte viral, en los que el factor sopresa sirve como argumento de tracción y atención del espectador.
Pero, más allá de la propia génesis creativa de esta campaña, el post de hoy se centra en la forma con la que la marca trata de reposicionarse después de la ¿tempestad? ecológica a la que se ha visto sometida.
Haciendo bueno el dicho que afirma que 'después de la tormenta llega la calma', la campaña es una bocanada de aire fresco, una inyección de diversión compartida, de ilusión ficticia, que trata de mostrar la cara amable de un producto. Un paréntesis publicitario que desmitifica el valor residual que deja un conflicto y que nos demuestra cómo, esta sociedad de consumo en la que vivimos, es capaz de digerir, asumir y asimilar cualquier cosa.
Está claro que los orangutanes de la selva seguirán muriendo. Y también es un hecho evidente que algunas personas repudiarán el producto por este motivo... Pero, al final, la gran mayoría de público optará por hacer una pausa, alejarse momentáneamente del conflicto, asumirá la propuesta como una forma de evasión y degustará con calma su delicia de galleta bañada en chocolate.
Crisis?... What crisis?














