miércoles 30 de junio de 2010

'Buenrrollismo 2.0': la clave del éxito social es una cuestión de actitud



Para malos rollos ya tenemos nuestro día a día profesional y/o personal en la escala 1.0 de nuestra realidad.

Replicar el mal rollo en nuestros perfiles virtuales no sólo no aporta mucho, sino que puede convertir nuestra vida en un frenético pozo de mala leche, acritud y desencuentro.


Habitualmente, el entorno de personas con las que acostumbro a tener un contacto directo -además del virtual- solemos comentar el 'buenrrollismo' imperante en la red. Los malos modos y los desencuentros no suelen ser un hecho habitual en nuestros perfiles sociales -salvo deshonrosas excepciones, que siempre las hay-, lo que siempre es un hecho a destacar. Tanto es así que hemos llegado a bautizar el entorno 2.0 como 'el mundo rosa'.


Pero no nos confundamos. Una cosa es tratar de entablar contacto y conversación por el cauce del buen rollo, la colaboración y la empatía virtual, y otra muy distinta es 'pensar que la mala leche, la mala intención, la acritud o la vanidad desmesurada' no existen. No seamos ilusos.


Tengo un amigo -buen amigo y mejor profesional- que siempre afirma que 'todos los seres humanos tienen boca y culo', en clara referencia a la importancia de no perder esa perspectiva real y demostrable, que implica que lo que hoy es bondad y buen rollo entre personas afines, puede transformarse, por obra y gracia de las circunstancias, en un conflicto de escala variable -casi siempre de escala creciente y a peor-.


Partiendo del hecho de que los 'santos' suelen estar ya fallecidos, este mundo virtual no es 'rosa', ni mucho menos.

Todos tenemos esos dos extremos diferentes y diferenciales que modulan nuestra personalidad. Ahora bien, el éxito social -al igual que en la vida real- depende muchísimo de cuál de esos dos extremos es el que protagoniza la proyección de nuestra personalidad. Y, evidentemente, el 99% de las personas con capacidad intelectual básica, eligen proyectarse a través de su parte más noble.


Y es así, como la configuración social de las redes, se enmarca normalmente en un ambiente amable, participativo y de colaboración. Un entorno en el que la empatía virtual se adereza con actitudes proactivas, que tratan de mantener la tensión emocional en unos niveles de corrección sostenibles para todas las partes.


Puede que resulte irreal y utópico pero, hoy por hoy, la aplicación de esta 'actitud positiva' por parte de la mayoría de los usuarios, está permitiendo una mayor proyección del soporte. Tanto es así, que
van desapareciendo los recelos de quienes no se han atrevido a abordar su inmersión en este entorno e, incluso, ya se plantean incorporarse como miembros de pleno derecho a este 'mundo 2.0'. Y no hay que olvidar tampoco que ese mismo ambiente de colaboración y 'buen rollo' se ha demostrado como un gran punto de partida para la creación de proyectos, alianzas y, también, de empresas...

Y sí que suena a utopía... pero funciona. Al menos, por ahora y para quienes han hecho del 'buen rollo' su actitud proyectable ante los demás.


Así que, aprovechemos y disfrutemos del potencial personal y profesional que nos ofrece la proyección de esta actitud colectiva, y pongamos nuestro granito de arena para que la situación dure... Porque tiempo tendremos -no me cabe la menor duda- de que llegue alguien y nos descubra que, además de boca, también tiene culo.



martes 29 de junio de 2010

Ceguera 2.0... Miramos, pero no vemos.


Miramos, pero no vemos... Este es, sin duda, uno de los efectos colaterales de la avalancha de información que circula por la red y que inunda nuestros time lines, nuestros correos, nuestros agregadores de Rss y demás.

La abundancia de canales, el permanente flujo de noticias, datos, opiniones y comentarios al que estamos sometidos en el mundo 2.0, nos conduce a un estado de ceguera progresiva que nos impide 'asimilar' una gran parte de esos contenidos.


Paradójicamente, la abundancia de información está derivando en un paulatino proceso de desinformacion, francamente preocupante. Leemos a la velocidad del rayo, tratando de 'asimilar' los conceptos y planteamientos
por la vía rápida, saltando de un link a otro a la caza y captura de nuevos inputs informativos, abducidos por un efecto de zapping que no permite la necesaria reflexión pausada.

Se nos acumulan Rss sin leer y nuestros señalados como favoritos quedan reservados para otro momento, junto con esos pedeefes que se almacenan en las carpetas del 'debe' y que agonizan amontonados a la espera de nuestra atención.


Pero el tiempo juega en nuestra contra, el frenesí diario nos conduce a un nuevo bucle de 'novedades', que impiden el remuestreo de datos. Nuestro aprendizaje informal se conduce a través de la lectura instantánea y poco más... Miramos, pero no vemos. Y eso nos genera una ansiedad que nos conduce a una pulsión escópica casi irracional, que nos incita a seguir mirando una y otra vez.


La comunicación se banaliza
, y comenzamos a depender de la 'recomendación' de aquellos en quienes confiamos. Aparecen los 'gurús' temáticos. Personajes que se acomodan en su cátedra virtual, y cuya opinión se ve fortalecida por el valor de quienes confiamos en ellos 'para no tener que pensar demasiado'. Los contenidos adquieren relevancia en función de la opinión de estos 'educadores' y de la redifusión que conllevan implícitos sus contenidos. Nuestra propio pensamiento se va reduciendo a una mera 'opinión sobre la opinión', carente del necesario 'valor singular'. Está claro que, por este camino, la reflexión es un especie en peligro de extinción.


Y el nuevo entorno -y sus peculiares características- se descubre entonces como el enemigo a batir. Tenemos que ser capaces de generar la pausa suficiente que nos permita razonar, valorar, digerir... En definitiva, debemos ser capaces de volver a ver.


Porque si no lo hacemos, la ceguera 2.0 nos conducirá por la senda de la desinformación. Sólo seremos capaces de tener una visión parcial de la realidad, basada en pequeños retazos de información y de opiniones sesgadas...


Hay que volver a recuperar ese criterio selectivo que nos conduzca a través de un aprendizaje informal contrastado y consecuente. Tenemos que adaptarnos a esta nueva dimensión de conocimiento, sin perder aquellos valores sobre los que se constituye nuestra personalidad. Porque la 'delegación de la opinión y el valor sobre las cosas', implica una grave pérdida de identidad personal, que puede poner en quiebra nuestra libertad de decisión.


Tenemos que ser capaces de no caer en la vorágine informativa y asumir nuestra obligación de 'seleccionar', 'reflexionar' y 'valorar' como base primigenia para poder conversar y opinar libremente...

Tenemos que aprender a aprender,
porque sólo así seremos capaces de volver a ver.


lunes 28 de junio de 2010

La 'ocurrencia', el peor enemigo de la creatividad


Todos tenemos ocurrencias, pero como tales acostumbramos a dejarlas aparcadas al ámbito íntimo y a entornos en los que compartimos un escenario de diversión que no pretende ir más allá de una mera 'gracieta' puntual destinada a divertir.

El problema se produce cuando elevamos una 'ocurrencia' al rango de 'idea brillante', y la convertimos en santo y seña de un proyecto profesional o personal... Es entonces, cuando corremos el riesgo de pifiarla y vernos abocados a asumir unos resultados de impredecibles consecuencias.


Ser 'ocurrente' es un valor social a tener en cuenta. El gracejo y la sorna de quien tiene respuesta para todo puede resultar un factor de empatía a valorar. Pero de ahí, a 'hacer campaña a través de la ocurrencia' va un trecho.


Los que nos dedicamos a este apasionante mundo de la publicidad, vivimos rodeados de ocurrencias que surgen como setas alrededor de las órdenes de trabajo. Clientes ocurrentes, ejecutivos de cuentas ocurrentes, secretarias ocurrentes, mensajeros ocurrentes... A todo el mundo parece gustarle poner su granito de arena creativo cuando hablamos de dar forma a una campaña impactante y divertida. Y no está mal, ni mucho menos. Toda 'ocurrencia' es bienvenida a la hora de desarrollar una tormenta de ideas clarificadora, porque toda aportación puede abrir la senda de una idea brillante y efectiva.


Ahora bien. La creatividad es mucho más que esa idea lanzada a bote pronto, surgida de forma espontánea y sin un proceso de reflexión previo. Y es que, la responsabilidad de comunicar debe enfocarse desde una perspectiva mucho más seria y profesional, en la que la percepción del valor de lo que presentamos se tiene que sustentar sobre unos pilares sólidos y consecuentes.


Los valores diferenciales de una marca o producto deben ponerse en carne publicitaria de tal forma que siempre, y digo siempre, prevalezcan por encima del propio planteamiento creativo.

De nada sirve desarrollar una campaña de impacto, si sus consecuencias distorsionan o anulan los valores relevantes del producto. Por ello, la creatividad siempre debe estar sometida a un DAFO previo bien planteado, en el que se analicen las consecuencias positivas o negativas que dicha creatividad puede generar, y marque la frontera que diferencia una CAMPAÑA (con mayúsculas) de un mero CHISTE FÁCIL.


Y, para muestra, un botón. La campaña gráfica que hoy acompaña este post es, sin lugar a dudas, uno de los chistes más fáciles y más desacertados que he visto últimamente. A muchos de los espectadores puede que les parezca gracioso. Pero, por lo que a mi respecta, creo que es uno desatino publicitario mayúsculo.


Utilizar la imagen de unos niños con aspecto de borrachos ,al borde del coma etílico, es una gracia sin gracia alguna. No creo que el camino para vender bombones de whisky sea 'emborrachar' a unos niños, tratando de demostrarnos la potencia etílica del relleno.


Si se trata de un producto 'para adultos', no viene a qué utilizar la imagen de los niños -y mucho menos, borrachos-. Y si lo que se quiere es 'avisar' de que este producto no es para niños... pues tampoco.


En unos tiempos en los que el abuso en el consumo de alcohol se ha convertido en un problema social grave, no es pertinente tratar de 'buscar la gracia' a través de una 'ocurrencia divertida'.

Porque estamos hablando de un problema -el alcoholismo- que afecta gravemente a nuestra juventud. Estamos hablando de la una mala utilización publicitaria de la imagen y los derechos de los menores. Estamos hablando de que la publicidad debe tener, ante todo, una sobredosis de sentido común... Estamos hablando de que en publicidad, ocurrencias, las justas -o ninguna-.
.. Pues, eso.

domingo 27 de junio de 2010

Estrategia comercial 2.0... Si la montaña no va Mahoma, Mahoma va a la montaña



Una de las principales premisas del comercio a la hora de sobrevivir a los tiempos que corren, es saber adaptarse. Los cambios de orientación en los usos y costumbres de los clientes, están poniendo en un complicado brete a una gran parte de los establecimientos comerciales, que ven cómo el acceso a la información a través de internet les resta visitantes a sus comercios en busca del clásico 'asesoramiento especializado'.

Pero hoy nos centraremos en aquellos que hacen del problema su oportunidad, y que pueden servir como ejemplo válido a quienes no encuentran una salida a su situación actual.


Y ese ejemplo es la iniciativa
de Best Buy, bautizada como “TwelpForce”. Una singular fórmula que fue merecedora del Gran Prix de Titanio en el reciente Festival Publicitario de Cannes.

Y no pensemos que se trata de una sofisticada propuesta, cuya complejidad pudiera convertirla en inviable para marcas menos 'potentes'. Ni mucho menos, Best Buy simplemente ha puesto en marcha una línea de conexión directa entre los clientes y sus empleados, con el objetivo de seguir siendo la referencia en materia de asesoramiento sobre los productos que vende.


Gracias a Twitter, y a través de un perfil creado al efecto, @twelpforce, los usuarios pueden consultar las dudas que tengan acerca de cualquier producto, precio, características técnicas, etc., y serán los propios empleados de las tiendas los que le respondan dichas dudas.

De esta forma, Best Buy se adapta y presenta batalla en el mismo medio en el que se estaba generando el problema. Una demostración clarísima de que el primer paso para la supervivencia comercial es la adaptación a las circunstancias... En este caso, si el cliente no va a preguntar a la tienda, la tienda va a internet a ofrecer la respuesta. Impecable.


sábado 26 de junio de 2010

¿Cuál será la herramienta estrella en la Comunicación 2.0?

(Sin palabras)

viernes 25 de junio de 2010

'Despertando pasiones'... El fútbol (y la publicidad) es así



Explosión de júbilo... Gritos... Lágrimas... Abrazos... La pasión contenida explota en ese instante mágico en el que el balón atraviesa la línea que marca la frontera entre la victoria y el fracaso.

Un momento único que consigue anular las diferencias entre ricos y pobres, blancos y negros, triunfadores y fracasados, hombres y mujeres, niños y mayores...
Pasión que rompe convencionalismos y difumina el insípido sabor de lo habitual, de lo cotidiano... El fútbol es así.

Nos pintamos las caras con los colores patrios. Nos engalanamos con banderas y bufandas de orgullo. Soplamos las vuvucelas de nuestras ilusiones y anhelos, diferidos a los cuerpos de esos once titulares de calidad indiscutible. Nos identificamos como una corriente humana cohesionada, al amparo de un objetivo común... El fútbol es así.

Tarareamos el himno, mientras lanzamos esa mirada penetrante que trata de ver más allá de lo visible... Nos imaginamos alzando los brazos como protagonistas de ese disparo a puerta que abre el camino hacia la gloria... El fútbol es así.

Atrás quedan los días de trabajo, la planificación estratégica, el análisis de las fortalezas y debilidades de nuestros competidores, la selección de los protagonistas para jugar nuestra baza ganadora, el entrenamiento, la adecuación al entorno... Atrás quedan esos días de nervios que siempre son la antesala al momento del estreno...

Estamos preparados para hacer feliz a ese (nuestro) público, que espera anhelante nuestra (su) victoria soñada...

Y explotamos... La barrera del triunfo se levanta ante nosotros. Llega el minuto de gloria anhelado. La pasión contenida, las frustraciones diarias y el frenético devenir de nuestras emociones escondidas y atenazadas por el miedo al fracaso, emergen desaforadas... El fútbol es así.

Pasión que genera una nueva pasión incontrolable y maravillosa: una suma de emociones individuales que construyen un escenario colectivo y cohesionado... El balón atraviesa la línea mágica impulsado por el deseo de todos aquellos que se identifican al amparo de una bandera de emociones compartidas...

Un tránsito que se hace eterno, mientras la esfera colorista e imprevisible se mueve hasta el lecho de la red. Un red que acoge y recoge el sentido del trabajo, del esfuerzo colectivo y de la estrategia bien planteada...
Suena el pitido que ratifica el triunfo.

El retorno de la inversión se recoge en forma de algarabía, de aceptación... de relevante desatino, que encumbra a los altares a los protagonistas de la historia, que ensalza la marca común (la nuestra, la de todos) y se difunde y realimenta con las opiniones compartidas de todos aquellos que soñaron un mismo anhelo...


Y vivimos esperando ese momento.

Pero, mientras tanto, mientras el tiempo pasa lentamente hasta el comienzo de ese gran partido, seguiremos trabajando nuestro día con la ilusión de poder despertar nuestras pasiones... Y es que, el fútbol (y la publicidad) es así.


¡Vamos, España! ¡Querer es poder!

jueves 24 de junio de 2010

Reciclarse o morir... ¿La comunicación 2.0 mató a la estrella de la publicidad?


Hay que reciclarse, no queda otra... Las viejas guardias, que presidían las agencias y departamentos de comunicación, ven amenazado su status quo indiscutible ante la irrupción de una nueva forma de entender la comunicación y la publicidad de las marcas.

La publicidad tradicional -aquella que ya se había estandarizado bajo los cánones de lo previsible- vive los albores de su prejubilación, forzada y forzosa por las circunstancias.


Y esa más que frecuente resistencia al cambio que caracteriza a aquellos que se aferran a los viejos moldes, no deja de ser una mera maniobra desesperada que prolonga innecesariamente la agonía de quienes sólo ven la amenza, y no la oportunidad, en la nueva situación. Una maniobra que lo único que hace es generar una fuerte confusión entre los clientes.


Una prejubilación que no está sentando del todo bien a muchos de los que, durante años, han sido la referencia visible del modelo de empresa de comunicación 1.0, y que han manejado los hilos de un sector no excesivamente cohesionado.


Se está confundiendo 'resistir' con 'reciclar'
. Y esta confusión provoca que las agencias no seamos capaces de digerir los nuevos ingredientes del menú de comunicación. Un menú en el que los chefs debemos de ser capaces de incorporar nuevos especialistas al debate creativo, así como asumir la necesidad de cambiar la forma de cocinado de nuestras recetas.


Se abre una nueva y apasionante etapa, en la que las esencias fundamentales que caracterizan la comunicación 2.0 -compartir y conversar- deben sumarse también a la metodología de trabajo de las agencias y a la metodología de trabajo 'entre las agencias'. Atrás quedan la época caracterizada por las cruentas luchas de titanes pugnando por ser los colosos inexpugnables e indiscutibles del sector. Llega el momento de un nuevo status de 'colaboración sostenido y sostenible'.


Se abre ahora una etapa en la que las sinergias entre todos los componentes del colectivo (agencias, estudios, consultores, freelances, etc) serán las que permitan engrasar una nueva forma de entender las, cada vez más necesarias, relaciones multilaterales (agencia-cliente, agencia-proveedores, agencia-agencia...).


De nada sirve 'camuflarse' al amparo de una modernización y adaptación irreal y volátil, porque la realidad del modelo de comunicación 2.0 exige, aunque a muchos no se lo parezca, un nivel de conocimiento y profesionalidad muy elevado.


De nada sirve aferrarse a modelos caducos, inyectados de botox, para camuflar sus arrugas, porque el mercado, más pronto que tarde, destapará el engaño -y no olvidemos que el mercado difícilmente perdona-.


Es el momento de sentarse a reflexionar el tiempo que sea necesario, y establecer las pautas de un proceso de renovación interna que nos permita seguir siendo competidores, competitivos y, sobre todo, competentes en nuestro trabajo.


Un proceso que debe ser asumido por todos y cada uno de los que conformamos el colectivo de profesionales de la comunicación. Un proceso que no debe ser percibido como una amenaza, sino como una oportunidad para fortalecernos individual y colectivamente...


Hay que reciclarse y vivir...
El futuro nos depara un reto apasionante y creativo en el que todos debemos tirar del carro en la misma dirección. Una dirección y una cohesión del sector que apunta, en primer lugar, a generar la confianza de nuestros clientes en el nuevo modelo... Porque sin confianza, no hay negocio. Y sin negocio...


miércoles 23 de junio de 2010

La esperanza no es un fin, es un principio: 'donde hay vida, hay esperanza'...



No estoy plenamente de acuerdo con el tópico que señala que 'la esperanza es lo último que se pierde'... Y no estoy conforme porque induce a un cierto pesimismo latente, y yo creo que 'la esperanza es lo primero que se gana'.

Tener esperanza es un hecho inherente a la vida de todas las personas: tenemos la esperanza de llegar a culminar una meta, esperanza de que nuestros hijos vivan bien, esperanza de tener buena salud, esperanza de encontrar un trabajo, esperanza de no perderlo, esperanza de encontrar a la mujer/hombre de nuestra vida...


La esperanza es el valor sobre el que se asienta todo principio
. Es ese valor que nos impulsa a actuar, y que nos mantiene en tensión para conseguir nuestras metas. Es la gasolina que alimenta el motor de nuestras vidas, y nos induce a luchar por alcanzar nuestros anhelos y nuestros deseos.


Todo se basa en la esperanza... pero no es lo último que se pierde. Ni mucho menos.


Y es que, lo último que podemos perder -y lo único que a buen seguro, perderemos- es nuestro bien más preciado: la vida.


Y ese sentimiento melodramático de nuestra realidad es el que nos induce a convivir en un estado aspiracional permanente. Un estado anímico que nos impulsa a movernos, a actuar y a tomar decisiones. Vivimos con la esperanza de seguir viviendo, y ese bucle finito de deseo imposible es el lecho sobre el que se articula el devenir individual de cada uno de nosotros... y de los demás.


Está claro que el tiempo es un factor sobre el que se plasman las percepciones sobre la vida, pero somos nosotros los que debemos trazar las líneas que dan forma a esas percepciones.


La esperanza individual, en ocasiones, apunta a metas muy complejas que, en la mayoría de las veces, pueden resultar imposibles de alcanzar. Es entonces cuando se convierte en el argumento más poderoso para la motivación de una conciencia colectiva.


Compartir un anhelo. Ser copartícipes de una actitud común, que permita hacer realidad aquello que las circunstancias naturales, sociales, políticas o económicas habían convertido en imposible es, sin lugar a dudas, un combustible muy poderoso que puede cambiar el rumbo de la vida de muchas personas.


La esperanza es lo primero que se gana en esta vida... y, mientras hay vida, hay esperanza. El tiempo será el que marque la pauta de evolución de los anhelos, los deseos y las ilusiones individuales y colectivas. Cada minuto se convierte así en el testaferro de nuestras emociones, y da fe de nuestra actitud a la hora hacer que las esperanzas se transformen en realidades.


La esperanza no es un fin, sino un principio
. Es el valor que marca el inicio de todo cambio. Y bajo esta premisa, nuestras vidas se proyectan a través de un ciclorama de deseos cumplidos... o de débitos que debemos satisfacer.


Por eso mismo, es un potente valor de comunicación. Las marcas y los productos anhelan acceder a su nicho de mercado y vender. Y los consumidores, impregnados con el brillo glamuroso de poseer todo aquello que nos seduce, alimentamos nuestra esperanza de compararlo.


Pero hay más. La publicidad puede servir también para canalizar un compromiso social. Lanzar un mensaje de futuro para aquellos cuyos anhelos se han convertido en una misión imposible, puede reconducir la esperanza a la senda de la realidad. La campaña que hoy preside este post es, sin duda, una de las mejores representaciones publicitarias de ese valor, ya que fusiona la esperanza con el compromiso común.


Un flash back que nos demuestra un devenir individual, pero que ratifica la necesidad de generar una conciencia colectiva en torno al cambio. Un cambio que se produce en un instante -fruto de la esperanza-, y que deriva en una opción de futuro más esperanzador, si cabe.


Está claro que
no hay mensaje más potente que aquel que transmite el valor de la esperanza, y no hay vida más plena que aquella que se vive en aras de alcanzarla, tanto de forma individual, como solidaria.


martes 22 de junio de 2010

Facebook alcanza la inmortalidad... Las redes sociales han venido para quedarse


Que son un fenómeno social, es un hecho incontestable -las redes sociales son el escaparate digital de nuestra sociedad más globalizada-.

Que los social media han venido para quedarse... es una afirmación casi indiscutible.

No queda otra. O estás en ellas, o corres el riesgo de que tu futuro se desvirtualice y desaparezca, sumergiéndote en un anonimato de consecuencias impredecibles.

Ya sé que suena tremendo, pero es un hecho, cada día más constatable, que quienes renuncian a su inmersión en el nuevo entorno van perdiendo puntos gradualmente en el nuevo status social marcado por la red.

Resulta irónico que hace tan sólo cuatro o cinco años, aquellos que se movían por el proceloso mundo de las aplicaciones sociales fuesen catalogados como frikis. Una rara avis, de costumbres asociales, que interactuaba en un entorno críptico y cerrado para la mayoría de los humanos. Afectados por un extraño virus, estos especímenes eran una mutación poco habitual derivada del entorno informático... Seres asociales, encerrados en una especie de ensimismamiento pseudomasónico, que se comunicaban entre sí a través de complejos mecanismos de comunicación.

Y resulta irónico... porque hoy los frikis empiezan a ser todos aquellos que se 'quedan fuera' del nuevo entorno social. No estar en Facebook, Tuenti, Linkedin, Xing, Twitter, Myspace... y demás placentas sociales, implica una pérdida de identidad frente a los demás -con la consiguiente asocialización de nuestra personalidad-.

Internet nos exige, sí o sí, que nos desarrollemos como marcas
. Que compongamos una escala virtual de nuestra esencia como personas y la presentemos en este nuevo escaparate de las vanidades, al que llamamos Social Media.

Y no se trata de una moda, ni mucho menos.

Lo que en un principio parecía un simple juego, se está convirtiendo en una rutina obligatoria que nos exige una, cada vez mayor, parcela de nuestro tiempo. Un tiempo que ya afecta a nuestra vida cotidiana, a nuestro desarrollo profesional, a nuestras relaciones emocionales... Un tiempo que crece exponencialmente, y que ratifica el hecho de que el futuro pasa por internet.

¿Triste?... Puede ser. Pero no caben los lamentos, ni las reclusiones que nos conviertan en ermitaños que renuncian a lo digital. La 'nueva realidad digital' marca nuestro devenir y hay que asumirlo.

Las redes sociales han venido para quedarse...
como lo demuestra el hecho de que Hollywood apuesta por ellas. Y no sólo para utilizarlas como herramienta de difusión de sus películas, sino como argumentos para crearlas.

`The social Network', es mucho más que una película. Es la evidencia de un cambio, que va más allá de un simple argumento. Un cambio que tiene la base suficiente como para elevar a los altares a unos de los dioses del olimpo 2.0: Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

Este joven, sobradamente digitalizado, se convierte así en estrella inmortal del firmamento del séptimo arte, demostrándonos la nueva escala de tiempos y valores en las que se mueve nuestra sociedad.

Mark Zuckerberg no tiene el mérito de haber curado el cáncer, ni siquiera de haber colaborado en la construcción de la Paz Mundial, ni de haber participado activamente en la lucha con la pobreza, ni haber dado un giro al pensamiento y las políticas racistas... Simplemente, es un joven que un día tuvo la idea de montar una red social en internet.

Una idea que está cambiando la percepción del mundo en que vivimos y que ahora, por obra y gracia de la industria del cine, alcanzará la inmortalidad soñada por todo ser humano. Mark Zuckerberg no será una estrella de cine -su papel lo protagonizará el actor Jesse Eisenberg-, pero conseguirá encumbrar su personalidad más allá de los límites que establece la red que el mismo creó.

Facebook y su 'creador' ya son inmortales...
Al menos, cinematográficamente hablando. Y, aunque todavía no está claro si la conocida red social se convertirá en el negocio perdurable, bollante y millonario que se presume, al menos ya ha conseguido que una buena parte de sus 500 millones de usuarios paguemos religiosamente la entrada para ver 'su película'... que, curiosamente, se estrenará en el mundo real.

Paradojas de la inmortalidad.

lunes 21 de junio de 2010

'Nunca es tarde'... Es la hora de los 'renacidos digitales'



El último gol de Pelé con la selección brasileña de fútbol... El mito renace y se viste de corto a los 70 años de edad, para deleitarnos con una historia de identidad, amor propio, ilusión y esperanza.

Un mito vivo del deporte que sirve como ejemplo a las nuevas generaciones y que, indudablemente, pasará a la historia del deporte como una de sus grandes 'leyendas'.


Está claro que esto es pura ficción publicitaria. Simplemente se trata de una emotiva propuesta de homenaje a esta figura inmortal del deporte brasileño y cuya personalidad ha alcanzado una relevancia global. Pelé es todo un símbolo, y como tal, sirve a la perfección como argumento al post de hoy.


Vivimos una época en la que se está produciendo un cambio de paradigma en el mundo de la comunicación. El avance tecnológico y el desarrollo de nuevas forma de conversación y contacto han abierto una grieta generacional que, a priori, puede poner en quiebra el papel que jugamos aquellos a los que este cambio nos ha pillado a contrapié.


Los nativos digitales vienen pegando fuerte. Una generación de jóvenes, sobradamente integrados en el mundo de la tecnología, acapara el dominio de los nuevos medios, y parece que relegarán a aquellos que nos educamos garabateando nuestra cultura con papel y bolígrafo o tecleando sobre el carro de una 'moderna' Olivetti. Tanto es así que, en ocasiones, da la sensación de que nuestros hijos vienen provistos de una habilidad genética traída de serie, que les permite adaptarse e integrarse en el entorno con una facilidad pasmosa, circunstancia contra la que -a los mayores- nos resulta muy complicado competir.


Se desencadena, además, una situación paradógica en la que los que 'en teoría' debíamos educar, pasamos a ser alumnos y los que 'supuestamente' debían aprender de nosotros, pasan a convertirse en profesores.


Los 'no nativos' estamos bastante 'desubicados' en la nueva realidad 2.0
-salvo honrosas excepciones, claro está-, y eso nos conduce a una situación en la que, o espabilamos, o nos comerán la tostada y nos quedaremos mirando el presente/futuro como meros convidados de piedra.


Así que nos toca evolucionar por la vía rápida. Es importante que reivindiquemos nuestro papel en el nuevo entorno y adaptemos nuestras marcas, personales y empresariales, a la nueva realidad. Es el momento de 'renacer' en el nuevo paradigma y ocupar el puesto que nos corresponde.


Nos toca aprender y trabajar en un entorno en apariencia hostil, en el que todo parece nuevo, y en el que nuestra aportación a las nuevas generaciones puede suponerse obsoleta...


Ni muchos menos. Nuestro bagaje de experiencia, nuestro conocimiento acumulado y todo el aporte cultural y técnico que ha generado el aprendizaje informal aprehendido a largo de nuestra vida, son un valor diferencial que nos permitirá seguir siendo competitivos.


La falta de formación y el desconocimiento del medio no es excusa. Renacer, digitalmente hablando, no dista mucho de nuestro emprendimiento como personas o como empresarios. No hay que olvidar que todos fuimos nativos alguna vez, y que todos debimos esforzarnos para ocupar y alcanzar nuestras metas.

Hoy, nos toca volver a hacerlo. Debemos asumir el reto, una vez más, y reivindicar nuestra posición.
Pero no caigamos en el error de tratar de adaptar el presente a nuestro pasado. Renacer significa dar un paso hacia adelante y tratar de aportar una visión nueva de la realidad. El pasado cuenta y mucho, pero siempre que seamos capaces de verlo desde una perspectiva actualizada.

La tarea es difícil. Pero, al igual que Pelé, jamás debemos darnos por vencidos y seguir compitiendo para poder lograr ese gol soñado. El futuro 2.0 también es cosa nuestra. Es el momento de emprender nuestro 'renacimiento digital'... Y, para hacerlo solo hay un camino: saltar al campo y jugar nuestro partido.
Todavía nos queda mucho por aportar.

Fuente


domingo 20 de junio de 2010

Marketing de experiencias: 'Diversión por la vía rápida'



Volkswagen lo ha vuelto a hacer... Despues del éxito de su campaña basada en la 'Teoría de la diversión', la conocida marca de coches da un paso al frente e implementa el mismo concepto desde una perspectiva mucho más cercana a la venta del producto.

Con motivo del lanzamiento de su nuevo modelo, el Volkswagen Polo GTI, decidieron exprimir el mundo de la creación de experiencias al usuario, y dar forma a una serie de peculiares iniciativas destinadas a 'impactar' y generar una disfusión viral posterior.


Sujetando el proceso creativo a dos valores fundamentales, velocidad y diversión, la agencia DDB Estocolmo, plantea tres impactantes experiencias para el usuario, convirtiéndolo en el protagonista de la historia. Viendo los vídeos realizados al efecto, nos damos cuenta del enorme potencial que tienen este tipo de acciones: inteligencia, creatividad, capacidad de generar empatía y, sobre todo, su enorme potencia a la hora de posicionar los valores inherentes al producto.


Enfrentarse a un público excesivamente saturado por iniciativas que se basan en 'lo de siempre', exige que, quienes nos dedicamos a esto de la publicidad, debamos abrir nuestra mente a nuevos campos creativos, en los que el desarrollo de 'experiencias' sirvan como herramienta canalizadora de las emociones dirigidas 'hacia y desde' el público. Lograr que el usuario 'sienta la marca' debe ir mucho más allá de la mera transmisión de un mensaje, y debe acceder a una capa emocional mucho más profunda y compleja.


La felicidad, el orgullo, la ilusión o el divertimento
... forman parte ya del bagage de muchas marcas, que han descubierto en este tipo de valores la efectividad de un planteamiento diferente y diferenciador. Un camino complejo, pero apasionante, en el que cada mensaje rompe los moldes estandarizados de la publicidad clásica y se adentra en la búsqueda de unos planteamientos que buscan tocar la fibra sensible del target.


Volkswagen lo ha visto muy claro...
Los coches ya no se venden por sus prestaciones técnicas. Los coches se venden por su capacidad para generar experiencias a quienes los utilizan.


Y si esto es así, la comunicación debe ser un fiel reflejo de la realidad y de las aspiraciones del usuario. Así que, visto lo visto, vamos a seducir a nuestro target dándole 'diversión por la vía rápida'.


Fantástica campaña.


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sábado 19 de junio de 2010

El futuro es una 'realidad' que va en aumento



Nuestra realidad puede ir mucho más allá de lo que percibimos a simple vista. Y, bajo esta premisa, el desarrollo de la tecnología abre las puertas a una virtualización amplificada de todo aquello que nos rodea.

La información circula por una dimensión invisible que ahora, gracias al desarrollo de la denominada 'realidad aumentada', adquiere una nueva forma de evidenciarse ante nosotros.

El vídeo que acompaña este post es una buena muestra de ello. Bajo la denominación de 'Urban Dive', se presenta un avanzado programa de realidad aumentada -cuyo lanzamiento está previsto para finales del 2010-, en el que se integran múltiples aplicaciones sociales y de transferencia de información, a través de las que el usuario tiene acceso a un amplísimo abanico de contenidos, y que cambia radicalmente la forma de 'visualizar' la realidad cotidiana de una ciudad.

Ahora, todo es lo que parece... y mucho más. El futuro es una realidad que va en aumento.

Fuente

viernes 18 de junio de 2010

Marca personal y estereotipos: 'todos no somos iguales ante la red'...



Todos somos iguales ante la Ley... Una frase que resume el marco de libertad en el que sería deseable se pudieran desenvolver todas las personas del mundo. Una utopía maravillosa que nos debe motivar a ser proactivos en su difusión y aplicación. Indudablemente.

Ahora bien. No todos somos debemos ser iguales ante la red...


La creación de nuestra Marca Personal, tanto a nivel off line, como on line, está sujeta a la defensa a ultranza de nuestras características y valores personales. Aspectos que nos definen e individualizan ante los demás, y que son la base sobre la que debemos establecer nuestro valor genérico más poderoso y representativo: la personalidad.


Ser uno mismo es
, sin lugar a dudas, la base fundamental para un desarrollo coherente (y eficaz) de nuestra imagen pública. Y, para conseguirlo, deberemos adecuar nuestras características personales a los formatos sociales en los que nos desenvolvemos. La elección de un estilo propio de peinado, de vestuario -adecuándolo a cada ocasión-, la forma de expresarnos en función de la audiencia, la elección de un coche que se ajuste a nuestra personalidad y/o necesidades... son aspectos que 'decoran' nuestra puesta en escena personal e identifican nuestros signos de referencia a quienes interactúan con nosotros. Simples atributos externos orientados a canalizar una primera impresión.


Unos elementos que conforman el utillaje de herramientas con el que construimos una buena parte de nuestra imagen pública... Pero, no nos confundamos. Sólo son pura apariencia que, en muchas ocasiones, no hacen sino esconder nuestra verdadera realidad, disfrazándola.


Si esta situación la trasladamos al entorno de la red, el utillaje se amplifica a través de herramientas tecnológicas que también pueden interferir en la transmisión de una adecuada imagen de nuestra personalidad.


La utilización de emoticonos estandarizados que representan nuestro estado de ánimo, el uso de imágenes estereotipadas para decorar nuestros perfiles sociales, la elección de una tipografía entre un elenco de grafismos normalizados, etc., desvirtúan nuestra esencia personal y la convierten en una proyección virtual distorsionada, que corre el riesgo de ir alejándose, cada vez más, de la real.


Y no olvidemos que nosotros no somos lo que creemos que somos, sino que somos lo que los demás dicen que somos... Y más, en el nuevo escenario social que se ha creado a través de la red, en el que de 'ese primer vistazo' puede depender la aceptación definitiva o no para un contacto social.


La percepción que los demás tienen de nosotros
se convierte así en una fuente de valor personal, positivo o negativo, que afecta directamente a nuestro devenir social y profesional. El cuidado de todos y cada uno de los aspectos técnicos y formales adquieren, cada día más, una importancia vital.


No hay que olvidar que la primera impresión que tienen los demás sobre nosotros cuenta. No es una percepción definitiva. Pero cuenta... y mucho.


Por este motivo, es fundamental saber utilizar el utillaje virtual de forma precisa, seleccionando únicamente aquellos elementos formales estandarizados de obligado uso -eligiendo los que más se aproximan a nuestro carácter- y descartando aquellos que lo único que hacen es desvirtuar la proyección de personalidad, que pueden resultar divertidos, pero que resultan innecesarios.


La obligada necesidad de utilizar herramientas estandarizadas implica, en mayor o menor medida, una pérdida de personalidad individual, que puede terminar convirtiéndonos en estereotipos predecibles y nada relevantes.


No todos somo iguales, y esa es la clave fundamental para hacer que la vida sea más divertida. Por ello, aquellos que queremos desarrollar una Marca Personal coherente con nuestra personalidad, deberemos cuidar los fondos y las formas, adecuándonos al medio en el que queremos desarrollarla, pero sin perder nuestra verdadera esencia personal...

Nunca olvidemos que nuestra personalidad es, sin lugar a dudas, el principal valor de referencia ante los demás.


jueves 17 de junio de 2010

Comunicación 2.0 y la 'virtud' de equivocarse



Todo el que tiene boca, se equivoca... La Comunicación 2.0 nos sitúa en un plano en el que la conversación, el intercambio de opiniones y la proyección de propuestas e ideas, está sujeta a una gran posibilidad de cometer errores. Esto, que en principio puede causar cierto recelo, no lo es tanto, porque forma parte de la cotidianidad de nuestras vidas... Todos, tarde o temprano, cometemos algún un error, porque el error es parte inherente al hecho de que somos humanos.

Y la 'humanización' del perfil de las marcas en este nuevo formato de interlocución con el público, conlleva también la posibilidad implícita de que las propuestas planteadas se resuelvan como un error. Precisamente hoy, he amanecido leyendo el interesante post, titulado
Creatividad 2.0, escrito por Fernando Polo en el blog de Territorio Creativo. Y en su lectura -más que recomendable-, es de destacar su visión sobre la necesidad de aprender y asumir la 'gestión del error', como parte inherente al trabajo creativo de las marcas. Un aspecto con el que no puedo estar más de acuerdo.

Equivocarse forma parte del día a día de quienes intentan aportar cosas nuevas
. El problema es que, en España (supongo que también sucederá en otras partes del mundo), magnificamos el fallo y lo convertimos en arma de destrucción masiva de forma instantánea -y si no, que se lo pregunten a la selección española tras su derrota frente a Suiza ayer por la tarde-. Tenemos una tendencia obsesiva a demonizar al que se equivoca, y eso conlleva que se instaure un estado de temor que -en muchas ocasiones- cierra el camino a nuevas propuestas interesantes y coarta y mediatiza la libertad de innovar.


Es un hecho que el que tiene boca se equivoca, y la Comunicación 2.0 exige una permanente disposición a conversar. De esta forma, las marcas y los propios usuarios corren un elevado riesgo de decir algo poco conveniente en el momento menos apropiado... Como la vida misma.


Pero, la posibilidad de cometer un error no sólo no es un riesgo, sino que, debidamente gestionado, puede convertirse en virtud. Saber gestionar un error a tiempo, asumiendo la responsabilidad sobre el mismo y demostrando una actitud reparadora, supone un valor añadido que puede, incluso, mejorar la reputación de las marcas.


El otro día escribía un duro comentario sobre la gestión de la crisis de BP. La consecuencia fueron una serie de réplicas en las que se cuestionaba mi visión sobre el tema. Réplicas que, además, incidían en el hecho de que BP estaba haciendo mucho por lavar su imagen pública, y que lo estaban haciendo relativamente bien. Y es cierto, en parte.


Realmente la petrolera inglesa está haciendo un enorme esfuerzo por justificarse ante la opinión pública, exponiendo sus excusas y gestionando una campaña de 'lavado de imagen' tanto a nivel off line, como on line... Pero, todo ese esfuerzo, no termina de funcionar.


Y la clave está en el hecho de que toda la estrategia se ha reducido a 'pedir perdón', y poco más: el petróleo sigue manando, las costas siguen afectadas, la fauna se extingue y las personas damnificadas siguen sin una respuesta clara a su situación... Tanto es así que, hasta el propio Presidente de los EE.UU., Obama, ha lanzado un ultimátum a BP para que 'repare' los daños a las miles de personas a las que está afectando su error.


No hay virtud en el error, si este no se repara
. Y esta debe ser la lección que hay que llevar aprendida a la hora de dialogar: debemos estar dispuestos a equivocarnos, sí, pero también debemos estar dispuestos a corregir públicamente nuestros fallos.


Si lo hacemos, no cabe la menor duda que nuestro público sabrá perdonarnos, y nuestra reputación como marca se verá incrementada con un plus de credibilidad. Hace falta valor para lanzarse a lo desconocido, pero hace falta mucho más para asumir un fallo y corregirlo.


La Comunicación 2.0 es un campo recién inaugurado para las marcas. Un campo abierto en el que poder experimentar nuevas formas de comunicarse con el público. Y al igual que los aventureros que se adentran por primera vez en una selva desconocida, debemos estar preparados para adaptarnos al medio, para tener una estrategia previa de 'improvisación' ante lo desconocido (o, lo que denominaríamos un manual de gestión de crisis)... en definitiva, contar con un mínimo seguro de responsabilidad que nos permita dar esa primera respuesta adecuada ante lo que pueda venir, estar preparados para el error y nos marque las senda del camino para salir del atolladero con las menores heridas posibles.


Es un hecho evidente que el que tiene boca se equivoca. Ahora bien, que eso no nos lleve a eludir la conversación por miedo a equivocarnos, porque no es menos cierto que, 'hablando se entiende la gente' y se solucionan los problemas... casi siempre.

miércoles 16 de junio de 2010

Las marcas y el efecto espejo: yo soy, tú eres... nosotros somos



¿Hablamos? ¿Tratamos de lograr un acuerdo que nos satisfaga a las dos partes? ¿Quieres que unamos nuestras fuerzas para construir algo mejor?...

Toda marca que se precie y que quiera avanzar en el desarrollo y la implementación de su identidad en el mercado, debe tener muy claro que debe adaptar su personalidad a la de un público que ahora bonifica especialmente a aquellos que destacan por su capacidad de empatía.


Se establece así un proceso de identificación mutua de valores, en los que la marca debe asumir una parte de la personalidad de sus interlocutores, y viceversa.


Partiendo del hecho de que la 'mitad del camino' es un buen lugar para encontrarse, no es menos importante saber que quien quiera generar un efecto de rentabilidad deberá asumir una parte extra de ese recorrido, cediendo el protagonismo a una selección de valores característicos de su interlocutor.


La comunicación se convierte así en una relación bidireccional, en la que la marca se construye a través de la puesta en escena de sus valores sustanciales, y que constituyen sus cimientos. Unos cimientos que se enriquecerán con los valores externos aportados por su público y que definirán la textura, el color y la forma de sus paredes.


Sólo así -estando dispuestos escuchar, cediendo el turno en la conversación y con una fuerte disposición a asumir
como propias las opiniones de los demás-, se establecerá el entorno adecuado para que la relación sea fructífera, compartida y proactiva.

Gracias a la comunicación 2.0, este formato de relación es mucho más accesible y viable. Estar en contacto con el target, permite que las marcas dispongan de un entorno sobre el que definir sus argumentos de venta. Ahora bien, la capacidad de empatía tiene que demostrarse andando. De nada sirve argumentarse como referente de diálogo, si nuestro discurso no contempla los aspectos que interesan a las personas con las que tratamos de comunicarnos.


Y aquí es donde está el quiz de la cuestión. Ahora las marcas ya no se construyen en base a planteamientos estancos, más o menos estáticos y unidireccionales, sino que se desarrollan en función de su capacidad de mostrarse como el espejo sobre que desean reflejarse sus clientes. Y ser ese espejo significa que la imagen que se proyecta debe ser identificable y asumible para quien se mira en él.


Las marcas deben convertirse en una ecuación que incorpora la suma de marcas personales que constituyen su nicho de público. Aportaciones individuales, cuya unión determina una imagen modelo permeable, versátil y perdurable. Una imagen que evoluciona a medida que se incorporan nuevas aportaciones. Una imagen que madura al mismo tiempo que madura el target. Una imagen que no es, sino el reflejo de las aspiraciones del público... y de la propia marca.


La publicidad adquiere así un nuevo valor para el público. Las campañas ya no se perciben desde una postura pasiva, sino que ahora son asumidas y compartidas (o no) en función de su capacidad para reflejar la personalidad y los valores comunes. Ahora el público sí interactúa, para bien o para mal, afectando a la propia realidad de la marca.


Por este motivo, la experiencias, emociones, valores, anhelos, sueños... adquieren un renovado protagonismo en la definición de los mensajes. Tratar de seducir al público, exige una transferencia emocional explícita por parte de las marcas: para generar empatía, debe haber dos entes emocionales en contacto... Hablamos de personas que hablan e interactúan con personas.


Y la creación de esa textura de espejo se puede convertir en campaña, indudablemente. La publicidad asume su nuevo rol y se enfoca a la proyección de mensajes en los que la ecuación creativa se establece en base la suma de las partes: YO+TÚ=NOSOTROS.


Una niña, cuya personalidad expuesta en primera y segunda persona, o un speaker que se autoerige en portavoz de las aspiraciones de un auditorio expectante, son un buen ejemplo de esta textura creativa que se está imponiendo hoy en día. Y, sobre todo, son una nueva evidencia de que la suma de valores no altera el producto, sino que lo mejora.

martes 15 de junio de 2010

El 'prosumidor', un nuevo producto de marca



Quien piense que la opinión del nuevo consumidor (prosumidor), emanado desde el seno del modelo de comunicación 2.0, aparece por generación espontánea, puede que se equivoque.

Aquellas marcas que crean que en el mundo 2.0 están a merced de las opiniones de un público proactivo, incisivo y crítico, también pueden estar equivocadas.

Al igual que pueden estar confundidas las marcas que creen que, por el hecho de no estar en Redes Sociales, eluden el problema de su reputación on line -absurda versión del tópico que dice 'ojos que no ven, corazón que no siente'-.


Y, finalmente, también puede estar equivocado ese 'prosumidor' que, engañado por su nuevo 'poder', piensa que es un ser libre, autónomo y autosuficiente, con capacidad para cambiar el devenir y la reputación de una marca, en base a su comentarios y críticas.


Es posible -casi estoy plenamente seguro- que a muchos os sonará raro que haga tales afirmaciones. Pero llevo una racha profesional -el tiempo dirá si buena o mala-, en la que habitualmente escucho opiniones por parte de vendedores y compradores, que denotan un cierto desasosiego emocional y una clara ausencia de perspectiva en torno al mundo de la comunicación de marca en el entorno 2.0.


Desasosiego y falta de perspectiva que no debe extrañarnos, porque si hay un hecho resulta destacable en el mundo virtual en el que ya hemos empezado a definirnos, es el de que vivimos inmersos en un estado de confusión permanente, que magnifica las percepciones y que afecta especialmente a la visión de la realidad 2.0 en las empresas.


La red -que no sólo la noche- nos confunde. El crecimiento acelerado del medio, así como su permanente evolución, tanto en el aspecto tecnológico como conceptual, provocan una paranoica situación, en la que aquellos que están mirando los toros desde la barrera recelan de dar el salto, y los que ya lo han dado se plantean si realmente han hecho bien, una vez que le han visto de cerca los cuernos al toro, y se dan cuenta de que este nuevo entorno es igual de exigente, o más, que el tradicional.


Y es que parece que el toro -que ahora ha adquirido la forma de público expectante y proactivo-, articula su carácter y su ¿nueva? personalidad a través de las herramientas que le ofrece la red, convirtiéndose en un morlaco astifino, que embiste con criterio y que acude a los quites del capote tendido por las marcas... Y hay que tener cuidado, porque si el quite está fuera de sitio, el toro lanzará un derrote que puede que acabe en cornada.


Pero, esto que parece una novedad, no lo es.


El consumidor siempre ha tenido criterio y opinión.
Lo que ocurría es que dicha opinión estaba sujeta a un modelo de interacción mucho más parco: comprar (o no) el producto, transmitir (o no) su opinión al círculo de amistades (sujeto a un entorno muy limitado) y reclamar o felicitar (o no) a la marca directamente -vía carta, teléfono, hoja de reclamaciones...-.


Así que interacción con el público había... Poca, pero había.

De modo que la forma de abordar el nuevo escenario de comunicación no difiere en exceso del planteamiento clásico: es importante conseguir que el público nos conozca, nos acepte, que esté satisfecho con lo que le proponemos y que nos asuma como marca de valor en su vida, para que no sólo nos compre sino que, además, nos recomiende.


¿Entonces, por qué hay tanto temor por parte de las marcas a la hora de entablar diálogo con el público?


La respuesta -entre otros aspectos que también inciden, pero que hoy no reseñaré-, se llama 'prosumidor'. Un concepto que parece haberse consolidado como referencia a la hora de implementar las estrategias de comunicación de marca, y que confiere al público un poder supuestamente 'decisorio' sobre el valor de ésta.


Pero, el 'prosumidor' no nace, sino que se hace.


La 'fábrica de prosumidores' está situada en la misma sede en que las marcas dan forma a sus productos. La cadena de montaje y ensamblaje de piezas de dichos 'prosumidores' se corresponde con la cadena de valor de la marca, en la que se establecen los parámetros de relación entre ambos y se definen las expectativas de satisfacción anheladas.


Si el ensamblaje es el adecuado, la fábrica generará una producción de 'prosumidores' afines, cuya capacidad de recomendación se convertirá en fuente de 'buena relevancia' para la marca. En cambio, si el ensamblaje no es el adecuado, esa relevancia será negativa, y la marca deberá tomar medidas para retirar la opinión del prosumer del mercado o para modificarla y convertirla en opinión favorable.


En definitiva, la opinión sigue siendo una consecuencia del trabajo de la marca, por lo que el problema de comunicación no debe ser tal, si realmente la propuesta es la adecuada.


Además, la amplificada capacidad de respuesta del público no debe ser asumida como peligro, sino como oportunidad.


Oportunidad para mejorar la oferta en base a las opiniones recibidas de sus prosumidores.


Una mejora que contribuirá a la satisfacción de ambos interlocutores y desembocará en un retorno de la inversión provechoso para todas las partes.


Así que ya va siendo hora de que todos aquellos que todavía dudan sobre la realidad de la comunicación 2.0 y siguen temerosos de abrirse a la conversación, deben despojarse de sus miedos y asumir el control
sobre la opinión. No olvidemos que, como siempre, la mejor herramienta de reputación para una marca es hacer las cosas bien.