Y es que, a pesar de lo que mucha gente opina, el 'ser o no ser' en el entorno de comunicación 2.0 no debe convertirse en un drama shakespiriano de negro final. El miedo a la novedad, el desconocimiento del soporte, la vaguedad de algunos planteamientos 'psudoprofesionales' en materia estratégica, la falta de estructura de comunicación en bastantes empresas, y/o la circunstancial situación de crisis -que desvía el foco de atención hacia la mera supervivencia, en detrimento de la proyección y promoción-, son algunas de las claves que están ralentizando los procesos de asunción del nuevo modelo de comunicación.
Pero, por mucho que nos empeñemos, el hecho de ir contracorriente en estos momentos no es una decisión acertada. Negar la evidencia no conduce a ninguna parte. Independientemente de las circunstancias que rodeen nuestro entorno inmediato de marca -tanto a nivel personal, como empresarial-, debemos asumir que el cambio de paradigma es un hecho irreversible. El hecho de estar o de no estar, ya empieza a ser un factor diferencial importante, de trascendencia cualificable y cuantificable, y que puede (y es) determinante en nuestro devenir a corto y medio plazo.
Hoy, gracias a las nuevas herramientas tecnológicas, y sus consiguientes modelos de comunicación, ser significa estar... Y, el hecho de estar, nos sitúa en un nuevo plano sobre el que poder alinear nuestro potencial de valor y nuestra personalidad.
Fruto del desarrollo tecnológico, nuestra mentalidad debe cambiar y adaptarse, transformándonos en parte integrante del nuevo escenario. Debemos implementarnos como coautores de ese nuevo proceso, estableciendo los parámetros que nos definan ante los demás y nos sitúen como una referencia a seguir.
Hoy, el mundo de la comunicación está derribando las fronteras tradicionales, y dibuja un nuevo mapa, en el que la única limitación somos nosotros mismos. Porque de nosotros depende, exclusivamente, llegar o quedarnos a mitad del camino.
Y llegar y ser competitivos nos exige dar el paso cuanto antes. Debemos situar nuestro mensaje de valor allí donde se mueve la voluntad y el interés de nuestro público.
Debemos convertirnos en el aliado de máximo valor para nuestro target, y acompañarlo en su día a día. Tenemos que ser relevantes, sí, pero sobre todo debemos ser útiles. Y esa utilidad no sólo debe ceñirse al valor de nuestro producto, sino que debe ampliarse a aspectos colaterales -emocionales, informativos, de responsabilidad social, etc.- que nos permitan convivir con el público, compartiendo su realidad, que es también la nuestra.
Será esa convivencia diaria, ese intercambio cotidiano de valores, el mejor argumento para lograr la empatía de marca/usuario.
Hoy la tecnología nos permite 'acompañar' al público allí donde vaya. Y ese cercanía, acompañada de unos buenos valores de marca, es nuestra principal arma de venta... Porque ya se sabe que 'todo lo bueno se pega'... y se compra.






