domingo 30 de mayo de 2010

En comunicación 2.0 todo lo bueno se pega... 'Que la marca te acompañe'

IPad sin ftonteras

Ser o no ser. Estar o no estar. Llegar o quedarse a mitad de camino... La comunicación on line es, de facto, una autopista de longitud infinita sobre la que circula la información, la cultura, el arte, el conocimiento, la personalidad individual, la personalidad colectiva, el valor de marca e, indudablemente, el propio futuro. Una carretera que se ha convertido en uno de los ejes vertebrales del progreso y el desarrollo social. Un camino sobre el que se escriben y se describen los trazos de un mañana apasionante para los que trabajamos en este mundo de la comunicación y, también, para los que no.

Y es que, a pesar de lo que mucha gente opina, el 'ser o no ser' en el entorno de comunicación 2.0 no debe convertirse en un drama shakespiriano de negro final. El miedo a la novedad, el desconocimiento del soporte, la vaguedad de algunos planteamientos 'psudoprofesionales' en materia estratégica, la falta de estructura de comunicación en bastantes empresas, y/o la circunstancial situación de crisis -que desvía el foco de atención hacia la mera supervivencia, en detrimento de la proyección y promoción-, son algunas de las claves que están ralentizando los procesos de asunción del nuevo modelo de comunicación.


Pero, por mucho que nos empeñemos, el hecho de ir contracorriente en estos momentos no es una decisión acertada. Negar la evidencia no conduce a ninguna parte. Independientemente de las circunstancias que rodeen nuestro entorno inmediato de marca -tanto a nivel personal, como empresarial-, debemos asumir que el cambio de paradigma es un hecho irreversible. El hecho de estar o de no estar, ya empieza a ser un factor diferencial importante, de trascendencia cualificable y cuantificable, y que puede (y es) determinante en nuestro devenir a corto y medio plazo.


Hoy, gracias a las nuevas herramientas tecnológicas, y sus consiguientes modelos de comunicación, ser significa estar... Y, el hecho de estar, nos sitúa en un nuevo plano sobre el que poder alinear nuestro potencial de valor y nuestra personalidad.


Fruto del desarrollo tecnológico, nuestra mentalidad debe cambiar y adaptarse, transformándonos en parte integrante del nuevo escenario. Debemos implementarnos como coautores de ese nuevo proceso, estableciendo los parámetros que nos definan ante los demás y nos sitúen como una referencia a seguir.

Hoy, el mundo de la comunicación está derribando las fronteras tradicionales, y dibuja un nuevo mapa, en el que la única limitación somos nosotros mismos. Porque de nosotros depende, exclusivamente, llegar o quedarnos a mitad del camino.


Y llegar y ser competitivos nos exige dar el paso cuanto antes. Debemos situar nuestro mensaje de valor allí donde se mueve la voluntad y el interés de nuestro público.

Debemos convertirnos en el aliado de máximo valor para nuestro target, y acompañarlo en su día a día. Tenemos que ser relevantes, sí, pero sobre todo debemos ser útiles. Y esa utilidad no sólo debe ceñirse al valor de nuestro producto, sino que debe ampliarse a aspectos colaterales -emocionales, informativos, de responsabilidad social, etc.- que nos permitan convivir con el público, compartiendo su realidad, que es también la nuestra.


Será esa convivencia diaria, ese intercambio cotidiano de valores, el mejor argumento para lograr la empatía de marca/usuario.


Hoy la tecnología nos permite 'acompañar' al público allí donde vaya. Y ese cercanía, acompañada de unos buenos valores de marca, es nuestra principal arma de venta... Porque ya se sabe que 'todo lo bueno se pega'... y se compra.


viernes 28 de mayo de 2010

"Yo soy tú"... La empatía como principal valor en la comunicación de marca



Capturar la atención del público no es suficiente... Quienes nos dedicamos (o estamos tratando de dedicarnos) a la comunicación de marca, nos enfrentamos cada día al reto de "crear mensajes que ayuden a vender" la imagen y los productos de nuestros clientes.

Conseguir el impacto
adecuado que permita fijar la atención del target, ha sido, es y será un objetivo subyacente a nuestro trabajo. Gracias al diseño, la originalidad, la agresividad visual o conceptual, entre otros valores, los mensajes consiguen reclamar el interés del público, permitiéndonos disponer de un tiempo muy valioso para "transmitir" un contenido de marca, y provocar una reacción de venta o aceptación.


Y, al igual que en las relaciones sociales, esa primera impresión es fundamental para el posterior desarrollo de una comunicación más profunda y relevante. El impacto se convierte así en el primer recurso del que disponemos para establecer un vínculo emocional con el público... La primera carga emocional sobre la que definir nuestra capacidad de empatía.

"Las personas con empatía son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones; por eso, poseen normalmente alto reconocimiento social y popularidad, ya que se anticipan a las necesidades, antes incluso de que sus compañeros sean conscientes de ellas, y saben identificar y aprovechar las oportunidades comunicativas que les ofrecen otras personas".
Asumiendo esta realidad y trasladándola al plano de las estrategias de comunicación de marca, disponemos de un argumento muy potente para lograr una aproximación eficaz al público.

Pero, para ello, debemos plantearnos un cambio profundo de mentalidad, que nos permita redefinir nuestro rol de vendedores, y convertirnos en interlocutores que canalizan los deseos de un público dispuesto a comprar. Dicha transformación supone la asunción de un criterio de bidireccionalidad en el planteamiento estratégico, y una revolución en la forma de entender el nuevo escenario de comunicación marca/cliente.


El tradicional monólogo de marca, que imponía un mensaje decorado, concreto e impactante al usuario, se debe transformar en una propuesta bidireccional (diálogo), que permita la interacción entre emisor y receptor, permitiendo una identificación de los roles entre quienes ocupan ambos lados de la conversación. Ese intercambio de primeras impresiones será eficaz, siempre y cuando la marca asuma una identidad social sujeta a un conjunto de valores emocionales y racionales, que le permitan "simular" un carácter muy próximo al de una persona.

Esto, que puede parecer que pone en riesgo la credibilidad de una marca, se hace factible de forma muy patente en el ámbito de la comunicación 2.0.


Mucho se ha hablado de la dificultad que tienen las marcas para "acceder" a los entornos de las diferentes redes sociales y "ubicar" sus mensajes publicitarios. Y no es de extrañar. Las redes sociales se crean para establecer contactos entre personas, y no como plataformas de promoción de productos. Esto conlleva que los usuarios de las redes sociales no estén predispuestos a "relacionarse" con mensajes comerciales provenientes de entes anónimos e impersonales.


Ahora bien, no hay que olvidar que estas redes sólo son una suma de personalidades virtuales, más o menos fieles a las identidades reales de sus usuarios. Personalidades que no dejan de ser una mera proyección intangible y distante del propio usuario.

Y es ahí, dónde las marcas pueden jugar su papel.

La comunicación 2.0 establece un escenario falsamente próximo entre los interlocutores
, en el que el juego consiste en la puesta en valor del potencial empático de cada uno. Un potencial que ve menguada parte de su capacidad de identificación, debido a la ausencia de "contacto visual directo". Esto permite que el contacto y la conversación se establezca a través de la argumentación de simples impulsos emocionales: valores culturales y educativos, gustos, necesidades, intereses, objetivos e, incluso, deseos.


Una circunstancia que nos ofrece la oportunidad de "rehacer la comunicación de las marcas" desde un planteamiento mucho más profundo, basado en la proyección de sus "valores raíz" a través de planteamientos emocionales asumibles. Esto favorecerá la identificación con el público y servirá de impulso a nuestra capacidad de empatía.

La personalidad de marca debe basarse en "escuchar, entender y compartir" con el público. Convertirse en una "personalidad espejo" sobre la que se reflejen los "deseos, opiniones, gustos y propuestas" de las personas con las que interactúa.

Deben transformar su actitud "vendedora" y convertirla en "participativa", aportando emociones y experiencias que permitan el establecimiento de vínculos de confianza con el target. Una confianza que abre un infinito abanico de argumentos para el diálogo, mucho más eficaces que los simples y manidos valores comerciales.


Ecología, solidaridad, innovación, educación, política, derechos humanos, deporte, ocio, humor, arte, cultura...
son ahora argumentos potentes para el fortalecimiento de la capacidad empática de las marcas pero, sobre todo, son una magnífica excusa para -además de vender- colaborar en la transformación y mejora de una sociedad anhelante de mensajes y actitudes de cambio.

Está claro, ahora las marcas dependen, más que nunca, de su capacidad para identificarse con las personas. Una identificación que ya no depende tanto de la potencia de los mensajes, sino de su capacidad de generar empatía.


Post inspirado en las ideas de Jeremy Rifkin y su teoría sobre la empatía humana y la tercera revolución industrial
.

jueves 27 de mayo de 2010

Los contenidos: el papel moneda de la tecnología... y de las marcas



Monetizar... Cada vez que escucho esta palabra se me riza el pelo -algo que los que me conocen, saben que es muy complicado que pueda ocurrir-.

Monetizar es una palabra que resume y moderniza un hecho que desde los anales de la historia ha caracterizado los procesos empresariales: todas empresa que se precie tiene el objetivo de ganar dinero.

Monetizar significa conseguir hacer tangible (pecuniariamente hablando) el valor de una idea. Significa traducir a papel moneda las aspiraciones, los sueños, la inteligencia, las ilusiones ... que nos impulsaron a emprender un proyecto. Dinero que puede y debe servir, además de para comer, o pagar la hipoteca, el colegio de los niños y las vaciones, para seguir soñando nuevas ideas y desarrollarlas... para luego monetizarlas también.

Y nuestro afán monetizador nos ha llevado a ser los constructores de uno de los descalabros económicos más importantes de la historia. La crisis (what crisis?) es el resultado de una venta de humo surgido de los fuegos fatuos de la venta de intangibilidad. Vivíamos en una nube ilusoria que ha desencadenado una tormenta financiera que amenaza con romper nuestro status quo de felicidad.

Vivimos para monetizar. Y lo hacemos a cualquier precio. No atendemos a razones, salvo aquellas que nos prometen lluvias de papel moneda. Pero, debemos aprender de aquellos que realmente saben hacer que todo cuanto tocan se convierta en oro. Esos reyes Midas del presente que tienen la capacidad de visualizar las fuentes de riqueza allí donde los demás sólo vemos... Bueno, allí donde los demás ni siquiera vemos.

Y donde más abundan esos reyes del oro es en el sector tecnológico. Un sector que nos domina cada día más, que nos induce de forma permanente a consumir gadgets, que nos cambian nuestra forma de vida y nos generan adicciones incontrolables.

La pulsión escópica -ese impulso frenético que nos induce a mirar, y sobre el que se fundamenta, entre otras cosas, la justificación del fenómeno del zapping televisivo- se tranforma ahora en un demente impulso por adquirir herramientas que nos permitan acceder a nuevos puntos de vista, a nuevas fuentes información que sacíen nuestro ansia de presenciar todo aquello que acontece a nuestro alrededor.

Y la tecnología nos pone cada día nuevas cerraduras que nos dan acceso a nuevas escenas y a través de las que podemos paliar nuestro síndrome de abstinencia voyeurista.

Pero la clave de su éxito no es el gadget. No nos equivoquemos. Lo que realmente vende, lo que le da valor a esa tecnología es el contenido al que nos da acceso. Y cada día más, ese contenido aporta un valor diferencial mayor.

El éxito de internet no está en la herramienta en sí, sino en la posibilidad que nos ofrece para acceder a un panorama infinito de contenidos.

Y a cuantos más contenidos nos de acceso esa tecnología, mayor será el valor de la herramienta. Por ello, la combinación de tecnologías y canales se convierte en el santo y seña de desarrollo tecnológico.

Tanto es así, que la diferenciación cualitativa comienza a ser un valor discutible en este sector. Las marcas fuertes equilibran sus calidades, y eso implica la necesidad de implementar un nuevo hecho que las destaque. Y aquí vuelve a aparecer el valor del contenido.

Comprar un televisor ya no va a depender fundamentalmente de sus excelencias técnicas (resolución, formato, etc), sino que en la decisión de compra incidirá de forma sustancial el contenido que lleve adjunto tal o cuál modelo. Adquiriremos un buen televisor (hay muchas marcas donde elegir), pero nuestra decisión estará sujeta a los canales "extras" a los que nos da acceso. Las grandes empresas tecnológicas "fichan" los contenidos a priori, como argumento para diferenciarse, y se convierten en el aliado capitalizador de las empresas generadoras de contenidos... Y así, con todo.

Esto significa una vuelta al mundo de los canales segmentados. Una necesidad, casi obligada, porque el ser humano debe autolimitar su pulsión escópica, estableciendo un rango de canales y de contenidos favoritos esenciales. Esto no implica una amputación de sus posibilidades de acceder a un mundo infinito de información, ni mucho menos. Pero, del mismo modo que debe elegir a la hora de adquirir un gadget, ahora también tendrá que optar por los contenidos premium a los que quiere tener acceso.

Y esto, incide directamente en la provisión de dichos contenidos. Las marcas deben estar atentas a las tendencias por las que fluyen los intereses de los usuarios. Deben adecuar sus contenidos a dichas tendencias y situarlos en aquellos canales por los que opta mayoritariamente su público. Es evidente que el mundo del todo gratis, tan extendido en internet, puede estar llegando a su fin -es lo lógico-. Y esto debe hacernos plantear muy seriamente las estrategias de comunicación de nuestras marcas. Porque si nos centramos en el "ahora mismo", corremos el riesgo de quedar desposicionados en el "inmediatamente después".

La tecnología -el futuro- necesita contenidos para poder subsistir y eso significa una oportunidad única para las marcas que sean capaces de convertirse en foco relevante de dichos contenidos. El futuro será de quienes tengan la capacidad de aportar emoción, información y experiencia al usuario. Y esa capacidad, indudablemente, será una enorme fuente de ingresos para quienes hagan relevante dicha capacidad.

¿Alguien duda de que la red es un soporte rentable para las marcas?

miércoles 26 de mayo de 2010

Brainstorming 2.0: la creatividad sin control no sirve de nada



No nos equivoquemos. En esencia, nada ha cambiado con la Comunicación 2.0, sólo las herramientas para trasmitir los mensajes...

Es posible que muchos discutáis esta afirmación -excesivamente rotunda y generalista, lo asumo-, y tendréis mucha razón, porque ciertamente sí se han producido importantes cambios en los modelos estratégicos de la comunicación de marca, en los modelos de organización de las empresas publicitarias y también un radical cambio en la percepción de los mensajes por parte del público.

Pero, mi afirmación va dirigida a uno de los valores vertebrales sobre los que se asienta la profesión publicitaria: la creatividad.

La esencia creativa, la idea, sigue siendo la gasolina que alimenta el motor de comunicación de las marcas, y ese valor subyacente que la caracteriza no ha variado ni un ápice. Pero, la convulsión que ha supuesto el cambio de paradigma tecnológico y de comunicación, puede llevarnos a los creativos y a las marcas al despiste e, inevitablemente, al error...

Hoy disponemos de muchas más herramientas con las que estructurar nuestro mensaje, una mayor capacidad temporal y espacial para construir y articular los conceptos, una amplia flexibilidad para adaptar las campañas a los diferentes públicos... Aspectos que nos ofrecen una incuestionable oportunidad para desarrollar propuestas creativas novedosas, diferentes, impactantes y atractivas para el target.

Pero, -y esto sí que no ha variado ni un ápice- todo sigue teniendo un límite. La búsqueda de la ansiada viralidad, la mayor permeabilidad del medio 2.0 a propuestas transgresoras y la voracidad por los contenidos de impacto mostrada por el "nuevo" público, pueden desencadenar un auténtico fiasco para las marcas, si no son capaces de establecer los límites naturales de su posicionamiento.

La red nos invita a mostrar nuestra proyección creativa y nuestra capacidad de impacto. La potencia que generan las campañas on line, y su complementariedad manifiesta con las propuestas off line, permiten desarrollar ideas mucho más ambiciosas, mejor estructuradas y que se convierten -o debieran convertirse- en el "contenido relevante" sobre el que se estructura su personalidad de marca. Y, por ello, el posicionamiento debe establecer los criterios estrictos sobre los que debemos construir los contenidos. Nada ha cambiado en éste ámbito, porque es recomendable que la creatividad siga estando sujeta al objetivo de transmitir los valores esenciales de la marca o producto.

Si perdemos esos valores o, simplemente, los diluimos con el objetivo de lograr un mayor impacto, contribuimos a un posterior -y difícilmente remediable- desposicionamiento de la marca. La creatividad sigue necesitando de un planteamiento estratégico serio, bien articulado y argumentado. Es necesario ponerle barreras al campo de las ideas, para no caer en el error de tomar caminos que no conducen a ninguna parte.

Y esto, que suena a perogrullada, no lo es... Porque ya son diarias las ocasiones en las que nos desayunamos con propuestas creativas de marcas de renombre, que denotan serios síntomas de descontrol.

Hoy, sin ir más lejos, el spot que ilustra este post es una buena muestra de ello. Un ejemplo de cómo Fiat ha caído en la tentación de saltar la valla de la coherencia. Una muestra de creatividad descontrolada, que se rinde al impacto y la búsqueda viralidad por la viralidad.

Tanto es así, que la ausencia de buen gusto, de inteligencia y del verdadero carácter de la marca puede poner en quiebra el prestigio acumulado a lo largo de los años. Seguramente se librarán de esa quiebra, porque el spot es tan desagradablemente malo, que dudo mucho alcance una difusión notable.

En definitiva, sigamos teniendo presente que, por mucho que cambien las cosas, la creatividad sin control no sirve de nada...

martes 25 de mayo de 2010

Gracias a la red, "sueño, luego existo"



"I have a dream"...

Palabras que dieron forma al mítico discurso de Martin Luther King Jr., en el que dibujaba su sueño de un futuro de igualdad entre razas. Palabras que permanecen y permanecerán vigentes en las mentes de aquellos que toman la decisión de querer cumplir sus anhelos vitales y/o profesionales. Palabras que hoy, por desgracia, están vigentes por la dramática situación de crisis económica que nos hace soñar con una vuelta a los tiempos de bonanza y de resurrección económica y vital.

"I have a dream"...

Es la afirmación de un talante, personal o colectivo. Una llama de calor intenso que prende la mecha de un proyecto, un objetivo, un emprendimiento... Una mecha que nos permite dibujar una visión de un futuro anhelado y previsiblemente factible...

Y yo he tenido un sueño... Lo tuve el mismo día en el que descubrí internet.

Ocurrió aquel día en el que embarqué rumbo a mi primera travesía por la red y descubrí un nuevo mundo inexplorado y apasionante. A pesar de las inclemencias del tiempo -no existía banda ancha- y de no disponer de ningún tipo de carta de navegación -tenía Google, pero no sabía cómo sacarle partido-, ese día comprendí que había encontrado el camino que me conduciría a vivir mi sueño.

Ante mis ojos se abrió un mundo de posibilidades sobre las que proyectar personalidad, profesionalidad y, sobre todo, se abría el telón de un nuevo escenario sobre el que rediseñar un nuevo planteamiento de mis valores personales, y que me están permitiendo definir un nuevo proyecto vital.

Hoy me encuentro inmerso en la ensoñación de mi idea. Manejo el timón de mi propio barco y lucho denodadamente para evitar que mi sueño no se quede al pairo de las circunstancias. Navego con la convicción necesaria para evitar caer en el desánimo, esquivando las olas que provocan las tormentas de escepticismo... Y ese sueño -el mío-, es el que me lleva a izar las velas de un proyecto que lucha cada día contra la falta de viento...

Y hoy mi sueño ya tiene nombre. A base de fe, constancia, trabajo, aciertos, errores, triunfos y fracasos, mi sueño ya tiene una identidad que me permite ser reconocible para los demás. Mi marca personal, mi barco, ya es visible e identificable, y eso me permite conocer a otros soñadores, y descubrir sus proyectos, sus ideas y personalidades... Y eso me permite que me reconozcan... Ya no estoy solo. Nunca lo he estado.

Hoy tengo la certeza de que aquellos que dudaban de la viabilidad de mi sueño se equivocaban. Aquellos que ironizaban, señalando que estaba en las nubes, se confundían... Porque sí estaba en las nubes, pero no eran nubes de tormenta, sino de futuro.

He tenido un sueño. Me veía navegando por un nuevo mundo, en el que la comunicación era la fuente de la vida, de la economía, de la solidaridad, de la identidad... Un mundo en el que las personas, cualquier persona, pudiera tomar la palabra y hacerse oír. Un mundo en el que las infinitas posibilidades de comunicación y relación permitiera a los individuos, las marcas, las instituciones... tomar la iniciativa y asumir la responsabilidad de mejorar las cosas, de corregir las desigualdades, de transformarse y convertirse en interlocutores de una conversación productiva y coherente.

Una conversación que permite sacar conclusiones, sobre las que dar forma a nuevas ideas y proyectos. Diálogo que nos permite dar a conocer nuestro valor y adecuarlo a las necesidades y gustos de nuestros interlocutores... Diálogo que nos permite mejorar.

Hoy mi sueño habla por sí mismo y conversa con otros sueños, interactuando en busca de nuevas proyectos para compartir, de nuevas ideas para volver a soñar. Hoy vivo en una nube más real que lo que nunca imaginé. Una nube sobre la que proyecto mis anhelos y que me permite ser yo mismo...

Gracias a la red, sueño, luego existo.

lunes 24 de mayo de 2010

Las marcas son lo que son, según el color (y las dioptrías) del cristal con que se miran



Una cosa es lo que se pretende, y otra muy distinta lo que se consigue... Las marcas se enfrentan hoy a una difícil tesitura, en la que sus planteamientos de comunicación se ven sometidos al escrutinio de un público muy activo y ciertamente crítico.

Comunicar hoy, significa saltar al campo de batalla con una estrategia bien diseñada, pero que debe estar planteada con la suficiente
versatilidad como para variar el rumbo en función de las circunstancias del combate. El desarrollo de contenidos de marca es, sin duda, una fuente inagotable de mensajes y experiencias para compartir con el target. Pero dichos contenidos deben plantearse desde una perspectiva distante al mero acto de representación del producto.

La comunicación de hoy en día
debe plantearse desde la óptica -nunca mejor dicho- del oftalmológo, que receta los cristales de las gafas en función de las necesidades de sus pacientes. Las cosas siempre han dependido del color del cristal a través del que miramos; y esa barrera transparente y cromática, es el espacio en el que las marcas deben situar sus valores fundamentales con el fin de seducir e impactar a su público.

Cristales de colores que nos permitirán establecer
vínculos de emoción y experiencia con la persona. Catalizadores de sensaciones dirigidas a fortalecer nuestra estrategia de branding. Caleidoscopios que combinan color y movimiento para dar forma a mensajes impactantes, bellos y emocionantes.

Pero, para lograr la visión perfecta,
las marcas deben ser capaces de diagnosticar las dioptrías adecuadas para hacerse visibles a su público. De nada sirve poner un cristal más o menos vistoso, más o menos colorido, si los ojos que nos miran nos perciben distorsionados.

De nada sirve una idea brillante, a priori, si posteriormente no la engarzamos en la montura adecuada. La creatividad seguirá siendo para las marcas, unos de sus principales valores diferenciales, siempre y cuando esté
planteada de forma adecuada a los perfiles de los usuarios, esté ubicada en los canales en los que éstos permanecen a la escucha y sea lo suficientemente versátil para modificarse y evolucionar en función de las "opiniones" y "exigencias" de nuestro público.

Está claro que
triunfar en el ámbito de la Comunicación 2.0 no es una cuestión de suerte. No se trata de "arriesgarse" a plantear una acción por la novedad del soporte, por el hecho de que otros lo hacen o por una cuestión de moda -queda muy bien eso de decir que mi marca está en los social media-... Es fundamental profesionalizarnos en este terreno y diseñar nuestra estrategia de forma bien estudiada y medida.

Tenemos que ser capaces de
decidir el qué, cómo, cuando, dónde y por qué estar. Y una vez hecho este planteamiento -que no resulta sencillo-, poner en valor nuestra creatividad, elegir el color adecuado, ajustar la curvatura del cristal y así poder abrir los ojos de nuestro público y presentarnos ante él como una marca cercana, visible y empática.

Y es que, las marcas son lo que son, según el color (y las dioptrías) del cristal con que se miran...


domingo 23 de mayo de 2010

Escribe tu futuro... Construye la empresa de tu vida



Lo primero es ser. Y ser, significa estar, analizar, determinar y tomar decisiones...

Decidir implica elegir... Y elegir conlleva errar... Tomar caminos equivocados que nos confunden, pero nos educan y nos permiten evolucionar... Caminos que nos hacen ser.

Equivocarse es humano. Como humano es acertar.

Somos lo que hacemos, y en el devenir de la vida, el acontecer de aquello que construimos nos define ante nosotros mismos, y ante los demás.

Nuestra realidad se define por hechos, no por palabras. Porque las palabras se las lleva el viento.

La vida es una gran empresa formada por emprendimientos individuales, por individuos que suman valores y conforman una realidad social.

Todos somos gestores de nuestro destino: impulsamos nuestro talento, fortalecemos nuestra identidad, generamos valores que nos sitúen frente a los demás, interactuamos con el objetivo de lograr alianzas, construimos los muros de nuestra fábrica a base de trabajo diario e hipoteca, gestionamos nuestros recursos disponibles e incrementamos nuestro capital intelectual a base de aprendizaje formal e informal...

Cada uno de nosotros somos nuestra mejor empresa. Y de ella dependerá la cobertura de garantía de nuestro futuro. Somos empresarios, trabajadores y sindicalistas de nuestra propia marca personal. Somos un todo indisoluble que nos obliga a gestionar los valores que dan y darán forma a nuestro currículum vital.

Y, como en todas las empresas, el triunfo sólo estará al alcance de aquellos que sean capaces de asumir el reto y gestionarlo.

Un triunfo que, en este caso no se mide por el número de ceros que acompañan a una cuenta corriente, sino por la suma de nuestras acciones, aciertos y errores, y por el valor que éstos tienen para nosotros mismos y para los demás.

No lo olvidemos. En esta vida todos somos empresarios.

viernes 21 de mayo de 2010

''Sé tu mismo', ese es el mejor valor de tu marca personal

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Las apariencias engañan...

No hay nada peor que descubrir la realidad de algo -o de alguien- que se ha escudado detrás de una imagen idealizada. El hecho social suele tender a rodearse de muchos de esos factores de idealización, a través de los que escondemos o dismulamos nuestras carencias, debilidades o inseguridades.

La búsqueda del reconocimiento social nos lleva a disfrazar nuestra realidad de tal manera que, en muchas ocasiones, nos convertimos en simples actores de una trama aspiracional, pero que dista mucho de ser el argumento real que debiera regir nuestras vidas.


Queremos ser, pero sólo conseguimos apariencia. Vestimos nuestra vanidad adoptando un estilo de moda que refuerce nuestro ego aspiracional, tratamos de buscar el contacto con aquellos que se supone nos aportarán valor personal y situación de referencia, o nos promocionamos a través de un carácter contrario a nuestros verdaderos sentimientos... Todos falseamos, mucho o poco, nuestra propia realidad. Todos 'decoramos' nuestra marca personal.

Y las redes sociales no dejan de ser un hecho social más, aunque diferido y magnificado. Facebook, Linkedin, Tuenti, Xing, Twitter... son una plataforma de relación en la que no hay límite geográfico ni emocional. Una oportunidad enorme de poner en sociedad nuestra personalidad mucho más allá de lo que nos permite la vida "real".

Las redes sociales nos abren las puertas a una pseudosociedad virtualizada, que permite esconder nuestras vergüenzas y donde nuestra imagen indexada se convierte, en principio, en la única presencia tangible para nuestros "amigos".

Podemos, así, transformarnos de forma sencilla en una sombra imaginaria de aquello que anhelamos. Nuestra virtualización nos permite diseñarnos a medida y construir el argumento de ese "querer ser"... Pero, no nos engañemos. El mundo gira en el mismo entorno en el que siempre ha girado: la realidad.

No hay nada más triste que ser descubierto en el engaño de disfrazar nuestra personalidad con tules de imaginación. No hay golpe más duro que ver desvirtualizar nuestra mentira, cuando del mundo virtual se pasa al mundo real.

No caigamos en oscuras tentaciones. No creemos escenarios irreales, ni nos convirtamos en príncipes de cuento -salvo que realmente lo seamos-.

Las redes sociales son un magnífico altavoz que, bien utilizado, puede servir para amplificar nuestra verdadera esencia, nuestra marca personal y profesional, y convertirse en herramienta de nuestro éxito.

Saber aprovechar la oportunidad está al alcance de todos. No lo desaprovechemos. y no nos confundamos con los cantos de sirena... La garantía de éxito, su secreto, es ser siempre uno mismo.

jueves 20 de mayo de 2010

"Quiero que me compres pero, sobre todo, quiero que me quieras". (Emotional Branding)



El concepto de "emotional branding" se desarrolla a través de la comunicación en vivo, donde el consumidor se sumerge en el espacio de las marcas, que adquieren una nueva dimensión: la emoción. Esta es la vía para llegar al cliente potencial, y generar afinidad, implicación e identificación con los valores de marca. La interacción con el consumidor parte de una profunda investigación de sus gustos, hábitos y de sus valores, con la finalidad de diseñar planes de eventos coherentes que generen complicidad en un canal único, consumidor-anunciante.

En este sentido, el "event-marketing" ha demostrado su capacidad de llegar al alma de los consumidores, en un entorno donde el cliente experto demanda más de la marca, y donde los impactos de calidad complementan la efectividad de los medios masivos. En definitiva, una filosofía de trabajo que favorece las relaciones de los consumidores con las marcas, consiguiendo así su fidelización. (Extraído de un post de Paco Barranco)

"Seduce, que algo queda"... La enorme potencia que las emociones aportan a la comunicación las convierten en el principal arma de las marcas para tratar de conseguir la proximidad y la empatía con su público. Tanto es así, que es ya algo más que constatable que el target "vive a la espera del mensaje seductor de las marcas". Y más vale que este se produzca, porque la capacidad de respuesta que permite la comunicación 2.0, puede poner en un serio aprieto al anunciante.

Pero, esto no es algo nuevo. Si nos remontamos al pasado reciente -y menos reciente-, vemos cómo los creadores contenidos emocionales, siempre han sido el centro de la devoción del público. El denominado star system, surgió como consecuencia de la respuesta de una sociedad que gratifica a quienes le "aportan" emoción, información o esperanza -aspecto, este último, muy vinculado a la religión y a la ciencia-.

Las marcas, conscientes del poder que estas figuras ejercen sobre la psique del público, procuraban aprovechar su tirón para tratar de convertirlas en parte de su propia imagen. Se producía así una "compra de contenido" relativamente sencilla, que solventaba la necesidad de provocar emoción y respuesta. Un método que funcionaba, y sigue funcionando. Pero, la nueva configuración del mercado y de la comunicación exige mucho más... Las marcas deben convertirse en referencia directa para su público, lo que implica que deben tratar de convertir sus valores, transformándolos en contenido emocional.


Una nueva disyuntiva que obliga a trascender del ámbito puramente publicitario -promoción de producto puro y duro- y abordar un campo mucho más complejo pero, al mismo tiempo, más apasionante: el branding emocional.


Hoy en día, para ser una marca relevante no sólo hace falta tener presencia sino que, además, hay que tener empatía. Y para lograrlo es necesario descubrir la fibra sensible del target. Hay que demostrar que detrás de cada marca hay un corazón sensible a las necesidades materiales y emocionales del público. Un corazón cuyos latidos adquieren forma de propuesta no imperativa, de mensaje de seducción...


"Quiero que me compres pero, sobre todo, quiero que me quieras".


Las grandes posibilidades que nos ofrece el entorno de comunicación 2.0, nos permite disponer de un enorme campo de trabajo, sobre el que articular estas nuevas formas de contenido... Pero no sólo eso, sino que la sinergia necesaria entre este entorno (2.0) y el tradicional (1.0), nos permite amplificar, aún más, su capacidad para trascender y alcanzar al público. Ya no hay barrera geográfica que nos limite. Hoy las emociones se generan, se conducen y se transforman de forma casi instantánea y deslocalizada.


Disponemos de un escenario en el que prácticamente todo está permitido, en el que las marcas disponen de múltiples herramientas que le ayudan a acceder al córtex emocional del cliente...


Ahora bien, no nos engañemos. A pesar de todo lo que hemos avanzado, la clave para triunfar sigue siendo la más antigua, eficaz y compleja de las herramientas... LA CREATIVIDAD.


miércoles 19 de mayo de 2010

'Mensaje en una botella'... Alcohol y jóvenes: cuando la cruda realidad supera a la ficción



Este trailer es la avanzadilla de una serie de reportajes realizados en Canadá, cuya temática gira en torno al problema del consumo no responsable de bebidas alcohólicas por parte de los jóvenes. Un problema que alcanza un nivel dramático, ya que el consumo de alcohol se sitúa como primera causa de muerte evitable entre los jóvenes en Canadá.

Después de décadas lanzando campañas de consumo responsable, los datos avalan el fracaso estrepitoso obtenido por las instituciones en este tema. Los jóvenes no asumen el mensaje y siguen participando de este peligroso juego y, lo peor de todo, sin visos de que cambie la tendencia.

La iniciativa que hoy presento es, sin lugar a dudas, una feroz vuelta de tuerca en torno al problema. Sólo viendo este trailer, se percibe el enorme dramatismo de la situación, la dolorosa carga emocional de las familias que han perdido a sus hijos y recoge el punto de vista de las víctimas colaterales de la actitud inconsciente de los adolescentes...

El hondo sentido dramático de esta iniciativa se dirige a tratar de tocar la fibra sensible del conjunto de la población, sin distinción. Un mensaje rotundo, que seguramente dará lugar a un debate público y privado, y que posiblemente derivará en la puesta en práctica de alguna medida legal restrictiva.

Tengo que señalar que esta acción, vista desde la perspectiva de un país en el que el botellón se ha convertido en seña de identidad en tiempo de ocio de nuestros jóvenes, es especialmente interesante. No estaría de más, que las instituciones españolas estuvieran pendientes para poder evaluar su repercusión y adoptar iniciativas similares en nuestro país. Porque, a pesar de que nuestra cultura adopta el consumo de alcohol como un hecho social, la problemática es similar y ya se sabe que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar..."

Fuente

martes 18 de mayo de 2010

Sobre la palabra de Dios, los profetas y el Community Manager



¡Tenía que ser Quilmes!... Estaba claro que la conocida marca de cervezas sacaría los pies del tiesto y pondría en valor su patrocinio de la selección argentina de fútbol. No podía ser de otra manera, viniendo de una marca que siempre ha destacado por la potencia creativa de cada una de sus campañas, y que ha colaborado de forma muy importante en la consolidación del "estilo argentino" en el mundo de la publicidad.

Pero no ahondaré en el simple planteamiento publicitario de este spot, sino en una segunda lectura, que me permite iniciar una breve reflexión sobre el papel de esa figura tan actual en la comunicación 2.0: el community manager.

Las redes sociales son, sin duda, una fuente inagotable de teorías y planteamientos dirigidos a lograr una eficaz presencia de las marcas en dicho entorno de contacto. El análisis de situación, la detección de públicos, la búsqueda de presencia, el diálogo, la seducción, la respuesta, la medición... son aspectos que dan forma a un escenario de trabajo sobre el que desarrollar los planteamientos de comunicación y sobre el que deben integrarse los valores que definen la personalidad de las marcas y de las personas.

Tener presencia en las redes exige un esfuerzo constante por parte de quienes quieren adquirir relevancia y lograr el éxito. Y, para ello, es fundamental disponer de un nexo adecuado que permita establecer y mantener el diálogo con el público. Un nexo bien formado y educado en los valores inherentes a la marca que representa, y con capacidad para tomar iniciativas precisas que permitan el desarrollo de una conversación fluida y eficaz.

La figura del Community Manager aparece así, como una respuesta eficiente a dicha necesidad. Una persona, o personas, que serán las responsables de plantear y defender los valores, la imagen y los contenidos de la marca en el entorno de las redes. Un trabajo que, más que importante, se puede definir como esencial, y cuya trascendencia exige que los responsables de la marca elijan a la persona más adecuada.

Al igual que la palabra de Dios se hizo carne -adoptando la forma de un Mesías que evangelizó al mundo y se rodeó de una red de apóstoles que le ayudaron a difundir el mensaje-, el Community Manager es esa figura responsable de canalizar la comunidad de seguidores que gira alrededor de sus mensajes de marca, adecuándolos de forma eficaz en función de la personalidad del usuario o del grupo, e incorporando aquellos aspectos que permitan una consolidación más profunda de la relación con éstos.

Pero, encontrar a estos profesionales no resulta una tarea fácil.

Bajo mi punto de vista, el perfil del Community Manager debe surgir desde el propio seno de la marca. Una persona de confianza, dotada para las relaciones públicas, bien integrada en los órganos de decisión directiva, con formación en materia de comunicación 1.0 y 2.0, conocedora de los valores sustanciales de la empresa y con criterio a la hora de implementarlos adecuadamente. Un profesional con capacidad para tomar decisiones rápidas y con visión creativa suficiente para poner en marcha iniciativas que favorezcan la conversación con el público...

Un perfil complejo que en muchas ocasiones, las marcas deben externalizar, al no contar con nadie que responda a dichas características. Pero, eso no debe ser óbice para no tratar de "formarlo" de cara a un futuro inmediato.

Las marcas ya deben ir planteándose la necesidad de crear esta figura, puesto que la operatividad y agilidad que aporta a la nueva forma de comunicación se convierte, a medio y largo plazo, en rentabilidad. Esto no significa que la externalización no sea una opción válida -hay magníficos profesionales externos que pueden desarrollar perfectamente la labor-, pero si estamos hablando de marcas que quieren interiorizar el modelo de comunicación 2.0, es fundamental que el Community Manager juegue en casa, respirando la marca y conviviendo con su día a día -algo que resulta mucho más complejo lograr desde la distancia- .

En definitiva, la nueva ordenación en los planteamientos de comunicación, impulsa a que las empresas dispongan de esta nueva raza de mesías, de estos evangelizadores del mensaje de marca, de cuyo trabajo y eficacia depende la consolidación de una nueva comunidad, de un nuevo entorno de mercado...

Nace así un futuro profesional para muchos jóvenes y no tan jóvenes. Una gran oportunidad para desarrollar una labor fundamental en materia de comunicación y marketing. Una oportunidad que, con la que está cayendo, no hay que despreciar... Ya se sabe que de la necesidad surge la oportunidad. Preparémonos (marcas y profesionales), todavía estamos a tiempo.

Palabra de marca...

lunes 17 de mayo de 2010

El publicitario... ¡ese gran desconocido!




Es poco habitual que la personalidad de quienes están detrás de las grandes, medianas y pequeñas campañas publicitarias trascienda del propio ámbito de las agencias. La imagen idealizada de los directores creativos o de los directores de arte, es más una visión tópica creada por el imaginario de un público al que, normalmente, le importa un comino quién es el autor de tal o cual anuncio.

¿Estudias o diseñas?...
Aquella frase mítica de antaño, con la que se rompían -o se trataban de romper- los muros que nos separaban del éxito, o del fracaso, a la hora de ligar con una chica en la barra de un bar, no es sino una pequeña muestra del vago (y tópico) recuerdo de la aureola de glamour que rodea la profesión publicitaria.


Trabajar como creativo, ejecutivo o arte en una agencia es apasionante... Pero, no hay que confundir el apasionamiento con la simplicidad. Trabajar en este mundo de la creatividad pagada es mucho más duro que lo que puede parecer: horas de desvelo, campañas que se atascan, clientes que no ven, clientes que no quieren ver, secretarias que deciden campañas, ejecutivos al borde de un ataque de nervios o éxitos que no son ni siquiera agradecidos, son algunos aspectos "desconocidos de nuestra profesión", y cuya difusión pública podría terminar echando por tierra el mito que rodea a las agencias.


Por norma general, trabajar en publicidad significa renunciar al glamour mediático. Supone incorporarse a un mundo que gira en torno a si mismo y que trasciende públicamente en contadas ocasiones, para luego perderse rápidamente en el olvido. Estoy convencido de que el 99'9% de la población no sólo no conoce el nombre de un director creativo, sino que tampoco sería capaz de dar el nombre de una sola agencia publicitaria.


No somos nadie... Y no lo somos, a pesar de que una persona recibe cerca de 3.000 impactos publicitarios al día. Prácticamente acosamos a la gente; bombardeamos sus vidas con nuestros mensajes, pero no nos conocen...¡Qué duro golpe a nuestra vanidad profesional!

Pero no pasa nada. Como la gente pasa de nosotros, los publicitarios nos buscamos la manera de autoagasajarnos, autoproclamarnos y reivindicarnos, creando esos exclusivos eventos que dan sentido a nuestras vidas: los Festivales y sus Premios.


Se acabó el sufrir permanentemente nuestro anonimato. Ahora ya tenemos una excusa para darnos a conocer. Tanto es así, que el furor por lograr el reconocimiento ¿público? nos ha llevado a una situación paradógica, en la que si no tienes un Sol o un León no eres nadie en la profesión... Y yo que pensaba que el triunfo de una agencia era lograr que sus clientes vendieran más...


Pero según parece, los festivales también están atravesando por un momento de crisis... Las dudas sobre su "legitimidad" o su "objetividad" han puesto en quiebra este sistema de promoción de agencias. Así que toca buscar una nueva manera de reivindicar la profesión... Y qué mejor que convertir a los profesionales de la publicidad en protagonistas de la historia. Campañas que hablan de campañas, virales que ponen a prueba a los currelas de la publicidad, y les sitúan en el disparadero mediático...

Por fin, las agencias hemos descubierto el filón de hacer publicidad de la publicidad, promocionando desde el seno mismo de nuestros estudios los valores que nos definen, lanzándonos a la arena y poniendo en carne de anuncio nuestras propuestas... Surgen los Ristos y los Mejides -esa versión del creativo con un alter ego en forma de producto-, los virales de marca publicitaria, los jamones con esencia de manzana, los realitys dirigidos por magnates de la comunicación, los vídeos grabados con cámara oculta que destripan el fondo de armario de las agencias...


Buscamos la trascendencia que nos reivindique y nos posicione...
Cualquier excusa es buena para hacerlo, y en ello estamos. Dibujamos un mundo -el nuestro- a medida de nuestras ilusiones, o a medida de la personalidad que nos gustaría tener. Podemos y queremos transgredir los límites, porque estamos en nuestra casa, y aquí mandamos nosotros... Pero, tengo serias dudas de que lo estemos haciendo bien.


Creo que ya va siendo hora de que reivindiquemos nuestra realidad, pero de verdad. Ya va siendo hora de que transmitamos la esencia de un trabajo cuya realidad diaria es, ante todo, poco glamourosa.


Un trabajo mal pagado -en la mayoría de los casos-, ingrato de digerir (debido a sus elevados niveles de implicación y exigencia personal), poco valorado normalmente, y sujeto a un sistema de concursística planteado por muchos clientes e instituciones, que nos obliga a competir entre nosotros a cambio de muy poco (o de nada), son algunos aspectos que conforman una gran parte de nuestra realidad. Una realidad que en nada se parece a los mundos de yupi que solemos vender.


Y, aunque parezca raro, esa es precisamente la parte que debiéramos transmitir (la chunga), y así tratar de obtener la relevancia que realmente necesitamos: conseguir el respeto público por un trabajo apasionante, pero francamente duro y muy complejo.


El valor de una gran idea no tiene precio o, al menos, es difícilmente cuantificable
. Y el jugueteo con una imagen excesivamente frivolizada del sector, no favorece en absoluto que la percepción sobre el valor de lo que hacemos sea la más adecuada.


Seamos consecuentes y defendamos nuestro valor con la seriedad que merece el empeño, porque en ello va nuestro sustento... Y mientras el reconocimiento llega -si es que tiene que llegar-, reconfortémonos en soledad con el orgullo de hacer bien nuestro trabajo, tomar como propia la recompensa que supone hacer que nuestros clientes alcancen el éxito y celebrar la suerte de cobrar por ello -si toca-.



domingo 16 de mayo de 2010

En el mundo no todo es de color rosa... Los 566 nuevos colores de Pantone



Coincidiendo con el lanzamiento de su nueva gama de 566 colores -con los que el catálogo asciende ya a 5.024-, denominada "The Plus Series", Pantone presenta un interesante reportaje, en el que se recoge el proceso de elaboración y definición de su, más que útil, guía cromática.

Todos aquellos que trabajamos en el mundo del diseño, sabemos la enorme utilidad y fiabilidad que tienen las tablas de Pantone, a la hora de definir y acertar con la selección del color y su posterior aplicación a los diferentes sorportes -tanto impresos como digitales-.


A pesar de estar siempre presente en nuestras mesas, el proceso de trabajo de Pantone es prácticamente desconocido para la mayoría de nosotros, por lo que este vídeo resulta especialmente interesante.

Si alguien pensaba que se trataba de algo sencillo, está muy equivocado.


Fuente

sábado 15 de mayo de 2010

El sexo es salud... pero, no debemos confundir el tocino con la velocidad


Es difícil establecer el vínculo conceptual sobre el que se sostiene la creatividad de este spot de la marca de lencería "Fortnight Lingerie". Es evidente que el valor de la sensualidad subyace por encima del resto de aspectos, pero las insinuaciones de lesbianismo, combinadas con un tutorial de reanimación cardio-respiratorio a mí, particularmente, me despistan.


Se supone que el público al que se dirige esta campaña es al posible comprador del producto -se entiende-. Pero la discutible conceptualización creativa me lleva a pensar que este spot pudiera tener una intención diferente. Una intención orientada hacia un planteamiento de branding folclórico-sexual, que busca implementar el erotismo explícito como argumento de seducción.

Es más, para primeros de Junio, los responsables de "Fortnight Lingerie" nos prometen una segunda entrega, en la que el gancho publicitario se centrará en un tutorial sobre "técnicas para el fortalecimiento abdominal"...


Tanta reiteración educativa no hace sino ahondar en la convicción de que la campaña busca, simple y llanamente, hacer ruido. Tratar de adquirir relevancia mediante el tosco y manido argumento del sexo y punto... -aunque, al menos, servirá para que algunos de nosotros aprendamos cómo hay que actuar ante una situación de emergencia: que algo es algo-.


No niego que mis hormonas masculinas reaccionan ante los impulsos sensuales de esta campaña -síntoma de que todavía sigo vivo-, pero mi razonamiento profesional me lleva a mostrar mi contrariedad por el planteamiento, que me parece de lo más burdo que he visto en mucho tiempo.


¿No os parece?


viernes 14 de mayo de 2010

Marca Personal: haz como la "Vaca de Cadbury", aprovecha tu minuto de gloria



Tarde o temprano, a todos nos llega nuestro minuto de gloria... Para algunos, ese minuto llega el día de la boda, o cuando fueron noticia por el premio de la lotería en Navidad, o cuando un micrófono y una cámara les aborda en plena calle para preguntar su opinión sobre la transhumancia de la oveja merina, o en aquella ocasión en la que un actor famoso (o un actriz, según el caso) les pidió ayuda, a ellos -y sólo a ellos-, para preguntarle el camino a alguna parte...

Un triste minuto, que se convierte en el instante mágico soñado...
Sesenta segundos de orgasmo emocional, de catársis, de explosión de vanidad... Y vivirlo es, ante todo, una experiencia personal emocionante que, normalmente, se suele desperdiciar, debido a su improvisada aparición en el devenir de nuestras vidas.


Pero, todo ha cambiado.... Incluso ese minuto de gloria.


La irrupción del mundo virtual en nuestras vidas, ha transformado también ese lapso temporal. Gracias a las nuevas herramientas de comunicación, tenemos la oportunidad de "generar múltiples" minutos de gloria. Tantos, que si sumamos y construimos adecuadamente cada segundo de nuestra presencia, pueden convertirse en los pilares maestros de nuestra marca personal y llevarnos al éxito.


Cada twitt, cada aportación al blog, cada información que incorporamos a los muros de nuestros perfiles en redes sociales, son susceptibles de convertirse en relevantes
. En cada mensaje aportamos, se proyecta y difunde una parte de nuestra personalidad, nuestros conocimientos y de nuestras capacidades profesionales.

Y, durante el tiempo que se tarda en verlo, leerlo o escucharlo, nos convertimos en el centro de atención de nuestro público. Disponemos así de muchos minutos para desbrozar la esencia de quiénes somos. Tenemos la capacidad de elegir el cómo, cuándo y dónde poder hacerlo. Somos dueños de un tiempo que, bien utilizado, puede servir para afianzarnos personal y profesionalmente.


Ahora, más que nunca, tenemos la oportunidad de implementar nuestra esencia, en el medio, dando forma a nuestra "marca". Somos dueños de un destino que se fragua en cada mensaje. Hacerlo bien es, sin lugar a dudas, una labor compleja, en la que son muchos y muy variables los factores a tener en cuenta.

La proyección de nuestra imagen personal afectará también a la imagen profesional, y nuestra imagen profesional incidirá en la percepción que los demás tienen de nuestra imagen personal... Una esencia que, para colmo, prevalecerá de manera indeleble en la memoria digital del entorno: internet no olvida. Al igual que nuestra piel acumula y recuerda los desmanes solares a los que nos exponemos, en la red todo queda escrito, archivado y puesto a disposición de quienes quieran revisarlo en el futuro.


Nuestra realidad 2.0 puede desnudarnos de tal manera que, si no aplicamos un criterio de responsabilidad en todo aquello que transmitimos, estaremos poniendo en riesgo nuestra credibilidad y nuestra imagen.


El mundo digital permite amplificar a niveles impensables la valoración de los demás. La mecánica sigue siendo la misma que en el mundo real: "no somos lo que nosotros creemos que somos, sino que somos lo que los demás dicen que somos"... Pero, ahora, esa opinión puede difundirse y ampliarse exponencialmente, y es prácticamente incontrolable.


Así pues, tenemos una oportunidad única para "gestionar nuestra marca personal". Hoy disponemos de una gran capacidad para multiplicar nuestros minutos de gloria, y proyectarnos hacia los demás. Pero vamos a hacerlo bien: desarrollemos nuestro propio manual de buenas prácticas, aplicándolo con coherencia y cordura, transformando nuestra presencia on line en uno de nuestros principales valores de proyección personal.


Es el momento de hacer como la "Vaca de Cadbury", aprovechar la ocasión y demostrar todo lo bueno que somos capaces de hacer... No me cabe la menor duda de que el éxito será la consecuencia de cada minuto de gloria bien aprovechado.