¿Quién dijo que la música clásica era aburrida?... Viendo esta exhibición de creatividad y sentido del humor, no cabe duda de que ya no hay nada que tenga que ser aburrido.
Tratar de fijar la atención -no sólo captarla-, romper tópicos y generar propuestas que vinculen los valores consustanciales de la marca al ámbito emocional de los consumidores, son algunas de las herramientas que se están definiendo la comunicación publicitaria actual.
Atrás quedan los tiempos en los que el mensaje se reducía al puro impacto. Nos alejamos de la fría transmisión de señales que apuntaban a un objetivo silencioso y expectante, y nos adentramos en un terreno mucho más ambicioso, en el que el discurso se vuelve más complejo y trata de articular fórmulas de interacción que trasciendan del soporte técnico y se integren el la psique del usuario.
Vemos así cómo la creación del mensaje trata de buscar resquicios imaginativos sobre los que destacar los valores de marca o producto. Por ejemplo, el tradicional "bueno, bonito y barato" se transforma ahora en "refinado, exclusivo y asequible", poniendo al servicio del público una serie de valores intangibles, mediante los que se genera una mayor identificación entre marcas y clientes.
Se pasa del planteamiento de "qué me ofreces", a uno nuevo en el que la clave está en "qué me aportas"... Ahora el usuario dispone de múltiples canales en los que "elegir" aquello que realmente le interesa y ya no tiene la necesidad de "sufrir" un bombardeo de mensajes que no le interesan. Ahora, las marcas deben ser capaces de "generar" una estrategia de refinamiento asequible, en la que sus productos se estructuran en forma de contenidos seductores, en los que el objetivo fundamental no es tanto promover el producto, como poner en escena los valores emocionales de éste y se conviertan en una referencia de singularidad para el consumidor.
Se produce así una modernización del mensaje, una adecuación a un nuevo consumidor más formado, participativo y selectivo, para el que la motivación no parte exclusivamente de una necesidad tangible de comprar algo, sino que parte de una necesidad de reafirmar su propia identidad a través de los valores que significan a una marca o producto.
Está claro que ahora debemos ser capaces de recomponer nuestra propia partitura. De reinterpretarnos en un nuevo entorno mucho más exigente... ¿Seremos capaces de que nuestra música llegue al público?... Ese es el reto.
Tratar de fijar la atención -no sólo captarla-, romper tópicos y generar propuestas que vinculen los valores consustanciales de la marca al ámbito emocional de los consumidores, son algunas de las herramientas que se están definiendo la comunicación publicitaria actual.
Atrás quedan los tiempos en los que el mensaje se reducía al puro impacto. Nos alejamos de la fría transmisión de señales que apuntaban a un objetivo silencioso y expectante, y nos adentramos en un terreno mucho más ambicioso, en el que el discurso se vuelve más complejo y trata de articular fórmulas de interacción que trasciendan del soporte técnico y se integren el la psique del usuario.
Vemos así cómo la creación del mensaje trata de buscar resquicios imaginativos sobre los que destacar los valores de marca o producto. Por ejemplo, el tradicional "bueno, bonito y barato" se transforma ahora en "refinado, exclusivo y asequible", poniendo al servicio del público una serie de valores intangibles, mediante los que se genera una mayor identificación entre marcas y clientes.
Se pasa del planteamiento de "qué me ofreces", a uno nuevo en el que la clave está en "qué me aportas"... Ahora el usuario dispone de múltiples canales en los que "elegir" aquello que realmente le interesa y ya no tiene la necesidad de "sufrir" un bombardeo de mensajes que no le interesan. Ahora, las marcas deben ser capaces de "generar" una estrategia de refinamiento asequible, en la que sus productos se estructuran en forma de contenidos seductores, en los que el objetivo fundamental no es tanto promover el producto, como poner en escena los valores emocionales de éste y se conviertan en una referencia de singularidad para el consumidor.
Se produce así una modernización del mensaje, una adecuación a un nuevo consumidor más formado, participativo y selectivo, para el que la motivación no parte exclusivamente de una necesidad tangible de comprar algo, sino que parte de una necesidad de reafirmar su propia identidad a través de los valores que significan a una marca o producto.
Está claro que ahora debemos ser capaces de recomponer nuestra propia partitura. De reinterpretarnos en un nuevo entorno mucho más exigente... ¿Seremos capaces de que nuestra música llegue al público?... Ese es el reto.







Has dado en el clavo. Muy buena bitácora. Como no se afine bien vamos de culo.
ResponderSuprimirMuchas gracias
ResponderSuprimirexcelente post. branding 2.0, la oportunidad de las nuevas marcas, porque hay algunas, que nunca cambiarán sino pasan "a otra vida" los de arriba
ResponderSuprimirgenial video! excelente reflexión
ResponderSuprimirMuy buena reflexión!
ResponderSuprimirSaludos.
FaRLeGeND
Muy buena reflexión!
ResponderSuprimirSaludos.
FaRLeGeND
Patético. Quien diga que la música "clásica" es aburrida tiene fácil solución: que no vaya a los conciertos y que no la escuche. Esta música no está hecha para ellos, pero que no hagan el payaso y la distorsionen de este modo para vender y llegar al gran público, vulgar e inculto, cada vez más pueril y aborregado, que nunca le ha gustado el arte; solamente desea ver en él diseño de vanguardia y firmas de moda, si no, ya no es arte. Como músico y melómano, jamás iré a un pseudoconcierto de este tipo, así como un sumiller nunca beberá un Don Simón, por mucha publicidad que ustedes le hagan. Seguramente que quien haya escrito esta columna preferiría ver las catedrales góticas o los restos arqueológicos de civilizaciones antiguas tuneados como los coches de los garrulos que los llevan. Claro, así serían más divertidas; como son meras piedras aburridas...
ResponderSuprimirQuerido Kike, agradezco tu opinión y te alabo el gusto por la música, la cultura y por tu respeto democrático a la opinión de las personas.
ResponderSuprimirAquí nadie habla de beber Don Simón (un vino que se pueden permitir aquellas personas que no tienen presupuesto para pagarse un restaurante con sumiller), ni de pintar ni tunear las catedrales góticas, que para eso está la Santa Madre Iglesia que es la beneficiaria de una parte de nuestros impuestos (incluso los de los que tú denominas garrulos) para pagar su mantenimiento... Aquí se habla de una iniciativa que trata de romper el tabú existente con la música clásica, cada día menos valorada (quizás por la visón retrógada de quienes la convierten en templo inalienable e inopinable a causa de su supuesta cultura elitista).
El arte se crea para ser percibido en libertad, y esa libertad (que tú no pareces comprender) permite opinar, lo qie implica también transformarlo y mejorarlo, o empeorarlo, que de todo hay, para hacerlo evolucionar y llegar a más personas.
Probablemente, esta iniciativa no sea acertada para tu gusto, lo cual respeto. Pero hay que señalar que, al menos, han intentado hacer algo más que guardar la música en un tarro de formol para que no se deteriore. Si la evolución y la prueba son reprobables, probablemente el arte seguiría siendo rupestre y la música sería el gruñido que surgiría de un cuerno de animal.
Sin la prueba, no habría innovación, y sin ella tampoco existirían Mozart, ni Picasso ni Dalí... ni tampoco el vino Don Simón.
Un saludo afectuoso de este garrulo que te aprecia y muchas gracias por compartir tu opinión.
Saben quien es el speaker? el sr. Igudesman. Uno afamado violinista, que se aburrió un dia no de lo clasico, sino de su seriedad. Y pueden disfrutarlo en www.igudesmanandjoo.com no se lo pierdan.
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