Se acaba un año que puede catalogarse como "el de las cortinas de humo". Doce meses plagados de angustias políticas, económicas y sociales, pero en los que nuestros políticos han aplicado magistralmente las técnicas del despiste: cuatro millones de parados, 400.000 empresas cerradas, familias que se quedan en la calle, dinero público para salvar in extremis a los bancos -que se siguen forrando, pero que no sueltan un euro para reflotar las empresas-, y así una largo etcétera de calamidades... Ahora bien, sólo se habla de corrupción política, de fútbol y de Gripe A... -bueno, y también de las hijas de Zapatero, de la nariz de Belén Esteban y del novio de la Duquesa de Alba-. Eso es una buena estrategia de comunicación, y lo demás son tonterías.
Cortinas de humo, magníficamente diseñadas, pero que tristemente no tapan la verdadera situación de nuestro país.
Ha sido un año duro para muchos compañeros de profesión que han perdido su empleo, víctimas de los reajustes estratégicos y de personal de las agencias publicitarias. Y es que el sector no está para muchos trotes, y claro, toca apretarse el cinturón... Y mucho, y a muchos.
Pero, por lo que se oye, no hay que preocuparse; que no pasa nada. Con la última uva, con el último tañido de campana del año, nos han prometido que empieza la recuperación económica. Yo había oído hablar del valor terapéutico de la uva, pero me doy cuenta de que me había quedado corto. El "resveratrol", el potente antioxidante contenido en la pequeña y ovalada fruta, va a resultar un remedio milagroso, de efecto instantáneo y acampanado, que va a generar una epidemia de empleo, euros y bienestar... Este año no vienen los Reyes Magos, vienen enormes y jugosos brotes verdes de viñas milagrosas que asoman por el horizonte.
¡Já! Permitidme que me ría -pero sólo un poco-.
Ayer publicaba en Twitter una pequeña reflexión en torno a lo que dejamos atrás y a lo que nos espera. Decía , "el año 2008 fue el año del vaso medio lleno. El 2009 ha sido el año del vaso medio vacío. Y el 2010 será el año del vaso". Porque está claro que una vez que ya hemos tocado fondo, ya no queda ni medio ni nada.
Pero, no todo es desesperanza -el que no se consuela es porque no quiere-. En mi humilde opinión -que vale menos que un amigo de Facebook-, el nuevo año debe ser un tiempo de "iniciativas personales". El vaso está vacío, la teta del Gobierno seca y nadie va a venir a echarnos un cable. Un panorama inquietante, pero que incita a tomar medidas de emergencia personales como alternativa más viable a "sentarse a esperar a que venga el que mande y te arregle la vida".
Tomar las riendas de nuestro destino es, sin lugar a dudas, una opción muy viable. La crisis genera un espacio de oportunidad para aquellos que quieren -queremos- arriesgarnos, y en ese sentido, el nuevo año es un tiempo magnífico para intentarlo.
Tenemos por delante "nuestro tiempo", nuestra oportunidad para desarrollar esos proyectos personales y profesionales que siempre nos rondaban, pero que nunca nos animábamos a emprender. No caigamos en la tentación de atender a los cantos de sirena de los que prometen y no cumplen. Actuemos por iniciativa propia. El momento es muy duro, es cierto. Pero también está claro que si somos capaces de aguantar el tirón, nuestro futuro contará con los mejores valores: confianza y posicionamiento profesional.
En fin, acaba el año y lo despedimos con el alivio de seguir vivos, a pesar de todo. Así que levantemos las copas y lancemos ese grito de esperanza de quienes ven en el 2010, su año de remontada y de oportunidad:
Brindo por ello.





























