Viendo esta campaña del diario The West Australian Newspaper, y que ha sido creada por la agencia Marketforce, no me resisto a recuperar una antigua reflexión personal en torno al valor de las ideas.
Y es que, en unos momentos de crisis como los que nos está tocando vivir, las ideas -las buenas- se convierten en la mejor herramienta para la supervivencia, tanto de las marcas, como de los profesionales que trabajan en y para ellas.
Unas ideas, normalmente infravaloradas, pero que son el mejor argumento para poder plantear una dirección adecuada, que permita afrontar el día a día con un renovado impulso y que sirva, además, como proyección de un futuro mejor.
¿Cuánto vale una idea?
Pero no una idea cualquiera. No. Hablamos de esa idea que plantea un nuevo punto de vista sobre las cosas, las empresas, los productos, las marcas... Esa idea que vende y posiciona; que emociona y se fija en la memoria y el subconsciente de las audiencias.
Una idea que es el fruto de un importante esfuerzo intelectual de su creador y que, por causas de la vida y la economía, hay que ponerle precio.
¿Cuánto vale una idea que ha hecho posible que un producto se convierta en un imprescindible objeto de deseo para el target?
¿Qué precio le ponemos a esa imagen que transfiere la esencia misma del producto de manera brillante?
¿Cuánto vale esa obra que refleja una visión del mundo diferente?
¿A cuánto está el kilo de imaginación?
Todos sabemos que las grandes ideas mueven el mundo. Pero también sabemos que, frente a una idea que llega a ver la luz, hay cientos de miles que caen víctimas del desprecio de aquellos que deben valorarlas.
Cierto es, que también abundan las malas ideas, las absurdas, pero ello no quita que debiéramos valorar el esfuerzo de quien las crea.
Y la valoración debe realizarse siempre desde el respeto. La historia nos demuestra que a muchos a los que la sociedad señalaba con cierto desprecio como “idealistas”, demostraron que sus ideas o sus “ideales” eran capaces de convulsionar los cimientos de la sociedad, mejorándola o empeorándola, según los casos.
¿Cuánto vale una idea?
Una pregunta cuya respuesta sigue siendo una utopía, pero que me lleva a defender la postura de que en el valor final de una idea no debe primar el coste de llevarla a cabo, sino que es mucho más importante valorar "justamente" el esfuerzo realizado para poder tenerla.
Creo que ya va siendo hora de que se valore y se respete dicho esfuerzo ¿No os parece?
Y es que, en unos momentos de crisis como los que nos está tocando vivir, las ideas -las buenas- se convierten en la mejor herramienta para la supervivencia, tanto de las marcas, como de los profesionales que trabajan en y para ellas.
Unas ideas, normalmente infravaloradas, pero que son el mejor argumento para poder plantear una dirección adecuada, que permita afrontar el día a día con un renovado impulso y que sirva, además, como proyección de un futuro mejor.
¿Cuánto vale una idea?
Pero no una idea cualquiera. No. Hablamos de esa idea que plantea un nuevo punto de vista sobre las cosas, las empresas, los productos, las marcas... Esa idea que vende y posiciona; que emociona y se fija en la memoria y el subconsciente de las audiencias.
Una idea que es el fruto de un importante esfuerzo intelectual de su creador y que, por causas de la vida y la economía, hay que ponerle precio.
¿Cuánto vale una idea que ha hecho posible que un producto se convierta en un imprescindible objeto de deseo para el target?
¿Qué precio le ponemos a esa imagen que transfiere la esencia misma del producto de manera brillante?
¿Cuánto vale esa obra que refleja una visión del mundo diferente?
¿A cuánto está el kilo de imaginación?
Todos sabemos que las grandes ideas mueven el mundo. Pero también sabemos que, frente a una idea que llega a ver la luz, hay cientos de miles que caen víctimas del desprecio de aquellos que deben valorarlas.
Cierto es, que también abundan las malas ideas, las absurdas, pero ello no quita que debiéramos valorar el esfuerzo de quien las crea.
Y la valoración debe realizarse siempre desde el respeto. La historia nos demuestra que a muchos a los que la sociedad señalaba con cierto desprecio como “idealistas”, demostraron que sus ideas o sus “ideales” eran capaces de convulsionar los cimientos de la sociedad, mejorándola o empeorándola, según los casos.
¿Cuánto vale una idea?
Una pregunta cuya respuesta sigue siendo una utopía, pero que me lleva a defender la postura de que en el valor final de una idea no debe primar el coste de llevarla a cabo, sino que es mucho más importante valorar "justamente" el esfuerzo realizado para poder tenerla.
Creo que ya va siendo hora de que se valore y se respete dicho esfuerzo ¿No os parece?











1 comentarios:
El problema de valorar una idea, sobre todo en el plano creativo, es que es un bien tan etéreo que puede terminar pasando de manos sin que el creador (pese a registrarla) perciba beneficio alguno.
Una buena idea, por sí sola, no tiene valor, a lo que se da valor es al que pasa esa idea a un algo tangible... y eso muchas veces es algo sumamente injusto.
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