viernes 13 de marzo de 2009

Pienso, luego existo / Creo, luego emociono. (El valor emocional en la publicidad)



La creación como fuente de emociones es la reflexión sobre la que quiero construir el post de hoy, y que he ilustrado con este precioso cortometraje titulado "World Builder" (El constructor del mundo), dirigido por el realizador Bruce Branit -conocido por ser corealizador del corto 405-.

Y es que la emoción es una constante fundamental en el ámbito de la creación publicitaria. Ante la tesitura de seducir a un público ávido de emociones, la publicidad ha ido evolucionando en sus planteamientos, situándose el la línea que limita la racionalidad más pura con el mundo de los sentimientos.

Contar historias sobre productos y marcas se transforma en un proceso de seducción cada vez más sutil. Los valores sobre los que se asientan los productos se envuelven en un mundo de sugerentes apelaciones a la emoción, en un intento de generar una corriente de empatía con el público. La memorabilidad -como fundamento aspiracional primario de toda campaña-, busca implementarse así en las capas más profundas del subconsciente del target. Casi como si de un mensaje subliminal se tratara, los códigos emocionales escarban en la propia experiencia del target, buscando ese vínculo sensible que permite su identificación con el mensaje de las marcas.


La última campaña de Coca Cola -en la que un adorable anciano de 102 años se convierte en el protagonista de un emotivo spot-, demuestra cómo no es necesario apelar a sofisticados mecanismos creativos cuando se trata de transmitir emociones. El relato amable, pero rotundo, de Pep Mascaró (que así se llama el anciano), genera un hilo argumental creíble y empático. Un relato reflexivo de un hombre que ha vivido una vida plena y que se lanza, llegado a su siglo de vida, a emprender un viaje iniciático que le llevará ante su recién nacido alter ego, y al que legará su más preciado tesoro: la experiencia.


Emoción al servicio de una marca o un producto, y que llena los espacios publicitarios de pequeñas historias, a veces amables, a veces agresivas o impactantes, pero siempre dirigidas al corazón de los públicos.


Publicidad y emoción van indefectiblemente unidas, porque los productos necesitan asentar su valor añadido más allá de una racionalidad que los hace banales. Marcas y productos se sumergen así en ese subjetivo mundo de las sensaciones y los sentimientos, convirtiéndose en elementos perdurables para el target y, lo que es más importante, se erigen como modelos con los que identificarse -primer paso para lograr el consiguiente efecto de compra-.




3 comentarios:

Salo dijo...

De eso se trata de proporcionar sueños a la gente.A todos nos gusta que nos hagan sentir, y si tenemos el privilegio de poder hacerlo desde estas pequeñas historias "bienvenidas sean".
Buscamos que haya algo que nos haga sentir,... los productos por si solos no emocionan,... pero si emociona la experiencia que te puede hacer vivir esa marca.
Ojalá creativos maravillosos nos sigan emocionando durante muchos años más. !!¿quien dijo que hay crisis en el mundo de los sentidos?!!.Hoy cotizan al alza.

javier calderon dijo...

Hola J. Cuervo, de casualidad llego a tu blog, gracias y mediante Alejandro Suarez en su seccion los 10 blogs de la semana.
Desde esperar que se cargara todo el video (ya que aqui mi linea es muy lenta) disfrute cada instante del corto metraje y luego saboree linea a linea tu amplia experiencia y conocimiento en publicidad y finalmente termine complacido con el video de la publicidad de cocacola. Muy buen post te seguire y te agrego a mi google reader.

diseño web dijo...

Buen artículo y sobre todo buen video.