En un mundo que tiende a reciclarse así mismo con el fin de preservarnos de un inevitable cambio climático, el diseño se vuelca en buscar nuevas fórmulas que nos permitan seguir disfrutando de los placeres de la vida, sin perjudicar aún mas nuestro entorno. Y uno de esos placeres es, sin duda, saborear una copa de vino en buena compañía.
Así, los diseñadores suecos Jens Andersson and Jonas Forsman, se lanzaron a la creación de la Wine Can, que en español se traduciría con el sofisticado nombre de "la lata de vino". Evidentemente, en Suecia no están al corriente de las peculiaridades del mundo del vino y de los rígidos estándares sobre los que se asienta este complejo mercado, aunque es muy posible que algo hayan leído acerca de la revolución de Don Simón y su vino en brick de cartón, y eso les haya animado a poner manos a la obra.
A día de hoy, dudo mucho que las grandes marcas se lancen a enlatar sus caldos -no le veo yo a Parker catando vino en una lata-, pero la propuesta no deja de ser sugerente: se puede reciclar de la misma manera que otras latas de aluminio, una sinergia que permite desarrollar más productos que utilizan el mismo sistema de recuperación, lo que reduce costes y redunda en beneficio del medio ambiente y del propio consumidor.
Evidentemente, y puesto que el cristal es un material que está en el punto de mira de los ecologistas y medioambientalistas, no está de más ir viendo lo que se cuece en los laboratorios de diseño y de I+D, por si acaso.
Por cierto, las empresas de corchos y sacacorchos lo tienen mal con esto de las latas...
Así, los diseñadores suecos Jens Andersson and Jonas Forsman, se lanzaron a la creación de la Wine Can, que en español se traduciría con el sofisticado nombre de "la lata de vino". Evidentemente, en Suecia no están al corriente de las peculiaridades del mundo del vino y de los rígidos estándares sobre los que se asienta este complejo mercado, aunque es muy posible que algo hayan leído acerca de la revolución de Don Simón y su vino en brick de cartón, y eso les haya animado a poner manos a la obra.
A día de hoy, dudo mucho que las grandes marcas se lancen a enlatar sus caldos -no le veo yo a Parker catando vino en una lata-, pero la propuesta no deja de ser sugerente: se puede reciclar de la misma manera que otras latas de aluminio, una sinergia que permite desarrollar más productos que utilizan el mismo sistema de recuperación, lo que reduce costes y redunda en beneficio del medio ambiente y del propio consumidor.
Evidentemente, y puesto que el cristal es un material que está en el punto de mira de los ecologistas y medioambientalistas, no está de más ir viendo lo que se cuece en los laboratorios de diseño y de I+D, por si acaso.
Por cierto, las empresas de corchos y sacacorchos lo tienen mal con esto de las latas...









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